LO QUE APRENDÍ DEL AÑO PASADO …

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Lettering de Pen & Paper by Rosette

En el post que dediqué al año 2019 aquí decía que sufrimos la tendencia a olvidarnos del año que estamos viviendo para adentrarnos demasiado pronto en el año que está por venir y animaba a hacer balance y reflexionar sobre lo vivido.

Si todos los años nos ocurre esto, imaginaos este año, maldito, que hemos terminado… Estábamos todos deseando que terminara, con razón, aunque por desgracia, su maldición y lo que es peor, sus consecuencias, siguen con nosotros. Esperemos que por no mucho más tiempo.

Sin embargo, no debemos permitir que esta especial circunstancia nos impida aprender y sacar conclusiones como todos los años. Yo he llegado a unas cuantas y he de confesar que no todas son buenas, porque esta situación que estamos viviendo, tan dura y tan diferente en todos los sentidos, ha sacado a relucir lo mejor de algunos y lo peor de otros, pero muchas veces, lo mejor y lo peor de cada uno. Esperaré a que todo esto termine para hablar con calma sobre lo que me enseñó la pandemia.

He leído varios artículos y columnas en las que se valora y analiza el año. Todas han sido muy ilustrativas, algunas realmente enriquecedoras, en muchas de las valoraciones y conclusiones que he leído, me he visto tan identificada que incluso me las he “apropiado”, porque siempre intento aprender de las experiencias de los demás.

Uno de los escritores que hacen un análisis de cada año es Javier Aznar (ya os he hablado de él más veces), suele escribir una columna que se titula “lo que el año pasado me enseñó”. La primera que leí se refería al año 2017, pero bien podría valer para cualquier año. Me gustó tanto (como todo lo que publica) que, siguiendo uno de sus consejos “comparte lo que lees” os reproduzco textualmente su lista:

* Sé como los relojes buenos: sencillo por fuera, complejo por dentro

* En caso de duda, pide siempre la pizza que lleva el nombre del local

* No hay mayor muestra de dejadez que arrastrar la silla al levantarse

* Las toallas lijosas son las que mejor secan (a veces lo que pica es más útil que lo suave)

* Los números absolutos no dicen nada por si solos; se puede comer caro por 9 euros y barato por 200

* Es imposible agradar a todo el mundo (ni aunque seas un plato de macarrones con queso)

* Jamás discutas con un hermano por dinero

* Nunca pidas el pescado del día en Formentera (ni en ningún sitio, añado yo) sin preguntar antes el precio

* El dinero siempre puede volver; el tiempo y la reputación, no

* No critiques a una tercera persona en un mail o por Whatsapp (es muy posible que te confundas y se lo acabes mandando precisamente a esa persona porque el karma nunca duerme)

* Todo el mundo dice que cobra más que tú, encuentra los billetes de avión más baratos que tú y es un 25% más feliz que tú; también mienten más que tú

* En serio, no corras por el borde de la piscina

* Trabajar mucho no es lo mismo que trabajar duro

* Aléjate de cierta geometría: triángulos amorosos, círculos viciosos y cabezas cuadradas

* La ropa buena no necesita logos

* El Kindle y el libro tradicional no son bienes sustitutivos, sino perfectamente complementarios

* Nunca seas el pesado que pregunta si la máquina del gimnasio está libre cuando otro la está usando

* La mejor relación posible con un vecino es la inexistente

* No hay crisis que no se pueda solucionar con ocho horas seguidas de trabajo

* Si te vas a comparar, que sea siempre con los mejores

* Los secretos (de verdad), ni al espejo

* Perdonar no es lo mismo que olvidar

* No se llama buena memoria, se llama poner interés.

Esta última me gusta especialmente… y es aplicable no solo para la memoria, sino para  montones de cosas que algunas personas creen que a los demás les son innatas, ignorando, no sé si siempre involuntariamente, que para casi todo se necesita tiempo y esfuerzo, tanto más cuanto mejor resultado queramos obtener. No estaría de más apreciarlo y agradecerlo.

No tengo el talento para escribir que poseen todos los autores a los que he leído, ni su fino sentido del humor, ¡ya me gustaría! si así fuera quizá me atrevería a contaros lo que me enseñó el año pasado, mientras tanto, me limitaré a compartir con vosotros lo que aprendieron los demás, igual no os sirve como a mí, pero seguro que sí pasáis un buen rato.

Hasta pronto,

Winter is coming…

No es la primera vez que os cuento que soy una persona de verano (aquí). Por eso para mí, que el verano termine, nunca ha sido una buena noticia. Sin embargo, este año estaba siendo diferente.

La primavera empezó de la peor manera, no terminó mucho mejor, quisimos ver la esperanza en el verano, pero se fue torciendo hasta acabar mal, así que en la llegada del otoño, tenía yo puestas mis esperanzas.

Nunca antes había sentido tanta necesidad de ir cubriendo etapas, ni había tenido puesta mi mirada en el futuro, muy al contrario, siempre he revindicado el hoy, el ahora, pero últimamente, el hoy es igual que el ayer y que el anteayer, y el futuro se nos antoja incierto, nadie se atreve a hacer planes. Sin embargo, tampoco el otoño ha traído buenas noticias, muy al contrario, la situación se ha vuelto a complicar.

Así que mientras esperamos que nos vayan dando mejores noticias, que las curvas vayan por donde tengan que ir,  y que podamos tener objetivos y planes a un plazo más largo que una semana, el invierno se nos ha echado encima…

En esta época en la que normalmente apetece estar en casa, y dado que este año además conviene que estemos en casa, nos podemos dedicar a perder nuestro tiempo lamentándonos o aprovecharlo aprendiendo cosas o descubriendo postres que nunca nos hubiéramos creído capaces de hacer.

Eso es lo que me ha ocurrido a mí con la tarta de queso. Hasta hace nada, la única tarta de queso que conocía (y cómo me arrepiento…) era la típica tarta blanca con mermelada encima y que se hacía en frío. He de confesar que nunca ha sido de mis favoritas, así que no tenía la costumbre de pedirla.

¿Cómo puede ser que una foto marque un antes y un después en tu vida? más aún, ¿cómo puede ser que una foto de una tarta de queso marque un antes y un después en tu vida?

Pues sí, fue una foto, la que aparecía en un artículo de una revista, sobre las mejores tartas de queso, la que llamó mi atención, tanto que me llevó a ella y se ha convertido en uno de mis postres favoritos.

Se trata de una tarta de queso horneada, es blandita, jugosa, no demasiado dulce, no empalaga… ¡¡Puff! ¡¡Y está deliciosa!! Para ganarse más mi admiración, es sencilla de hacer y admite cambios de proporciones para potenciar más o menos el sabor a queso y distinto tiempo de horneado para que esté más o menos blanda.

Para hacerla, con un resultado muy satisfactorio, no es necesario ser un gran chef y solo se necesitan estos ingredientes:

Para la base

Galletas y mantequilla

Para la crema:

500 gr de queso crema

80 gr de queso parmesano

100 gr de queso fresco

250 gr de nata (mejor si es de 35% de materia grasa)

200 gr de azúcar

10 gr de harina

5 huevos

una pizca de sal

Se elabora de la siguiente manera: para hacer la base hay que triturar la galleta y mezclarla con la mantequilla hasta formar una pasta con la que cubrir el fondo del molde. No doy cantidades porque depende del grosor que queráis para vuestra base.

Para hacer la masa de la tarta, se trata de ir mezclando en un bol todos los ingredientes menos la harina, hasta conseguir una crema homogénea, entonces se añade la harina y se sigue mezclando.

Se mete en el horno precalentado, durante 30 minutos a 190º en posición ventilador. Con este tiempo, la tarta queda muy, muy jugosa, si os gusta que esté más cuajada, habría que tenerla unos minutos más.

Una vez fuera del horno, recomiendan dejarla reposar unas 3 horas… si sois capaces, ¡claro!

Os dejo la foto del resultado de mi primera tarta de queso horneada. Las siguientes han ido mejorando ¡aunque sigue sin parecerse a la de la foto!

Si tenéis un ratito tonto, os animo a que lo intentéis.

Hasta pronto,

¡Grita!

Hacía mucho que no escribía, a veces me pasa. No encuentro el momento o las ganas, no tengo una idea o un tema sobre el que escribir, pero de repente, algo que leo, algo que me cuentan o que ocurre me impacta, me hace pensar o reflexionar y al final surge un tema sobre el que escribir. Esta vez ha sido el fallecimiento de Pau Donés.

No deja de resultarme paradójico que después de varios meses en los que la primera noticia de todos los telediarios y la portada de todos los periódicos ha sido el número de fallecidos, sea precisamente un fallecimiento concreto el que me haya “tocado” de esa manera. Podría parecer que unas personas son más importantes que otras o que unas vidas valen más que otras, nada más lejos de la realidad ni de mis sentimientos. Simplemente, algunos fallecimientos impresionan más que otros y el de Pau Donés me ha impresionado mucho. ¿Por qué? No lo sé muy bien.

Siempre me ha gustado mucho su música, me he visto reflejada en algunas de sus canciones, otras me han hecho mucha compañía y unas cuantas, me hubiera gustado que alguien las hubiera escrito pensando en mí. ¡Hay que querer mucho para escribir cosas tan bonitas!

Cómo quieres ser mi amiga, si por ti daría la vida

Si confundo tu sonrisa, con camelos si me miras…

(Agua)

Tengo que decirte que el día en que te fuiste

se encendieron las farolas que alumbraban el camino

para que pudieras volver…

(Solo quiero decirte adiós)

Y no me sonrojo si te digo que te quiero, y te digo que te quiero

(El lado oscuro)

Pero más allá de su faceta de músico, me ha impactado mucho su actitud ante la enfermedad. Ya sé que no es el único enfermo que hemos conocido ¡ojalá! por desgracia son muchos los que han recorrido el mismo camino, unos con más suerte que otros, pero sí ha sido el único al que no le he oído utilizar la expresión de luchar contra el cáncer. Y me gustó esa forma de verlo, porque muchas veces tengo la sensación de que a los enfermos les exigimos que luchen, que peleen, que no se dejen vencer… Es como si su destino estuviera en sus manos, que su curación dependiera de su lucha, de su esfuerzo. Nadie habla de luchar contra otras enfermedades ¿por qué el cáncer debe ser diferente?

Me ha gustado su humildad, su positividad, la naturalidad con que ha tratado el tema y la manera en que ha transmitido que el cáncer estaba ahí, que siempre iba a estar y que tenía que aprender a convivir con él y tratarlo cada vez que éste apareciera. Tiene mucho mérito desdramatizar algo que es de por sí dramático y sobre todo muy cruel, y tratar de ver el lado bueno.

También me ha conmovido, y hasta me ha dado un poco de envidia, que su amor por la música le haya hecho trabajar hasta el final y que se haya despedido de todos nosotros cantando. Ese derecho a mantenerse activo a pesar de la enfermedad, es algo que también ha defendido, frente a los que creen que la vida debe focalizarse en la enfermedad cuando ésta llega.

En breve se estrenará un documental, realizado por su amigo Jordi Évole, en el que conversan solo unos días antes de su fallecimiento. El autor dice que es un canto a la vida. Todavía no tengo decidido si verlo, se que no resultará fácil, pero estoy casi segura de que me va a venir bien, creo que si no lo viera, me arrepentiría.

He titulado este post “grita” porque es una de las canciones de Jarabe de Palo que más me gusta, cuando decía antes que en algunas me he visto reflejada, me refería a ésta, es una canción que me hizo muy bien en unos momentos en los no estaba yo en “plena forma” y esa frase “y si quieres más, pues, grita” se ha quedado siempre conmigo y es una de las que más uso.

Tengo una costumbre que molesta mucho a mis hijas, a veces contesto a sus preguntas con letras de canciones -han llegado a creer que tengo una canción para cada cosa…- una de las más recurrentes es “¡depende!” y a partir de ahora, creo que “eso que tú me das…” va a ser otra.

Hasta pronto,

Lecturas y lectoras IV

Me ha llamado mucho la atención leer en varias cuentas sobre libros que sigo en IG, que durante este periodo de confinamiento, curiosamente, muchas personas están leyendo menos que nunca, algunas por saturación y otras porque les está costando encontrar la concentración suficiente para ello.

A mí, afortunadamente, no me ha pasado, no sé por qué, quizá porque he mantenido el mismo esquema de siempre, es decir, leer un rato antes de acostarme. El único cambio que he hecho, es que leo durante más tiempo, porque en esta situación tan especial, no tengo que madrugar tanto. Por eso decía en el último post aq que estoy teniendo mucho más tiempo para leer.

En lo que va de año he leído 8 libros. Hoy os voy a hablar un poco de los 6 primeros para que si alguno os atrae, podáis aprovechar para leerlo. Ahí van:

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  1. TODO ESTO TE DARÉ de Dolores Redondo

En el escenario majestuoso de la Ribeira Sacra, Alvaro sufre un accidente que acabará con su vida. Cuando Manuel, su marido, llega a Galicia para recoger su cadáver, descubre que la investigación sobre el caso se ha cerrado con demasiada rapidez. El rechazo de su poderosa familia política, los Muñiz de Dávila, le impulsa a huir, pero le retiene el alegato contra la impunidad que Nogueira, un guardia civil jubilado, esgrime contra la familia de Alvaro, nobles mecidos en sus privilegios, y la sospecha de que esa no es la primera muerte del entorno que se ha enmascarado como accidental. Lucas un sacerdote amigo de la infancia de Alvaro, se une a Manuel y Nogueira en la reconstrucción de la vida secreta de quien creían conocer bien.

La inesperada amistad de estos tres hombre sin ninguna afinidad aparente ayuda a Manuel a navegar entre el amor por quien fue su marido y el tormento de haber vivido de espaldas a la realidad, blindado tras la quimera de su mundo de escritor. Empezará así la búsqueda de la verdad, en un lugar de fuerte creencias y arraigadas costumbres en el que la lógica nunca termina de atar todos los cabos.

Hacía mucho tiempo que no leía una novela de suspense. No me he leído la trilogía del Baztan, de la misma autora, precisamente porque estaba un poco cansada del género. No se por qué empecé a leer esta, pero fue una muy buena decisión. Me ha encantado, una historia bonita, bien narrada y bien terminada a mi entender. Me ha gustado la forma de describir los escenarios, sin resultar aburrido me ha trasladado a Galicia y me ha creado la necesidad que conocer la Ribeira Sacra.

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  1. LAS CINCO PERSONAS QUE ENCONTRARÁS EN EL CIELO de Mitch Albom

Eddie un anciano entrañable es el encargado de mantenimiento de un parque de atracciones situado junto al mar. Ha pasado toda su vida en este lugar a excepción de su participación en la Segunda Guerra Mundial, un episodio que lo marcó profundamente. El día que cumple ochenta y tres años muere mientras intenta salvar a una niña que está a punto de sufrir un accidente en una atracción de feria.

Es entonces cuando Eddie llega al cielo, un lugar donde, por fin, puede entender el sentido de su existencia en la Tierra. Allí se encuentra con las cinco personas en cuyas vidas ha influido sin el saberlo, cambiando su curso para siempre. Una a una le aportan una comprensión más profunda de cómo sus historias están unidas a la de él.

Leí esta novela porque me encantó “MARTES CON MI VIEJO PROFESOR” aquí. También me ha gustado mucho, aunque no tanto como la otra. A pesar de tener un toque de fantasía -llegada al cielo y vida después de la muerte- lo cierto es que trata temas muy terrenales y te tocan. Se ha publicado recientemente la continuación “La próxima persona que encontrarás en el cielo”…

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  1. AVENTURAS Y DESVENTURAS DEL CHICO CENTELLA de Bill Bryson

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos entró en una época de bonanza como no se había visto antes. El estilo de vida americano se desplegó envuelto en un aura de felicidad e ingenuidad: se podían comprar hasta cien marcas de helado, la mayoría de los hogares disponían de televisores para ver a Roy Rogers, el vaquero cantarín, y la gente creía que tomarse dos o tres cócteles antes de cenar era saludable. En una de esas prósperas ciudades estadounidenses nació Bill Bryson, que narra en estas fantásticas memorias sus primeros años repletos de entrañables e hilarantes estampas costumbristas, al mismo tiempo que disecciona la sociedad de todo un país.

Unas memorias escritas por un adulto pero desde la perspetiva del niño que fue. Divertidas e ilustrativas. Me venían continuamente a la memoria esas familias americanas que aparecían en las series juveniles de nuestra época, esas que estaban dobladas al castellano en origen ¿os acordáis?

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  1. LAS INCORRECTAS de Paloma Bravo

Eva, Cristina, Candela e Inma no tienen nada en común (ni el estado civil, ni la profesión, ni la actitud ante la vida), pero se encuentran en el club de fútbol de sus hijos. Allí inmersas cada una en su propia crisis vital, descubrirán que la amistad lo puede todo. Vitales, solidarias, disparatadas, rebeldes, sinceras y peleonas, se apoyarán y ayudarán como solo saben hacerlo las amigas, y conseguirán gestionar juntas sus complicados entornos: una niña psicópata, una bloguera furiosa, una hermana narcisista, un ex maravilloso y otro en la cárcel, una película que les cambiará la vida… Eso sí, su forma de hacer las cosas, muy suya, desde el humor y una irremediable incorrección.

Me esperaba más… Decidí leerla porque he leído artículos de la autora que me han gustado mucho, pero la novela no me ha llenado. Me gusta la idea, pero la historia me ha resultado poco creíble.

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  1. LA TRENZA del Laetitia Colombani

India- En Badlapur, la intocable Smita sobrevive recogiendo los excrementos de una casta superior. Resignada a su condición, está decidida en cambio a que su hija no siga sus pasos: la pequeña irá a la escuela y su vida será digna y provechosa, aunque para ello Smita tenga que desafiar las normas establecidas.

Italia- A Giulia le encanta trabajar en el taller familiar, el último de Palermo que confecciona pelucas con pelo auténtico. Hubiera podido ir a la universidad, pero dejó el instituto con dieciséis años para iniciarse en los secretos de este oficio. Cuando su padre sufre un accidente y Giulia descubre que el negocio está al borde de la quiebra, afronta la adversidad con valentía y determinación.

Canadá- Sarah es una abogada de éxito en Montreal que lo ha sacrificado todo por su carrera: dos matrimonios fallidos y tres hijos a los que no ha visto crecer. Un día, tras caer desmayada en el transcurso de un juicio, Sarah comprende que su vida ha dado un vuelco y que deberá escoger lo que de verdad importa.

Smita, Giulia y Sarah no se conocen, pero tienen en común el empuje y un tesón de las mujeres que rechazan lo que el destino les ha reservado y se rebelan contra las circunstancias que las oprimen. Como hilos invisibles, sus caminos se entrelazan, formando una trenza que simboliza la voluntad inquebrantable de vivir con esperanza e ilusión.

Realmente una delicia de libro. Con que maestría va entrelazando las historias lejanas de tres mujeres tan distintas y con circunstancias tan diferentes, de forma que llegan a confluir sin darte cuenta. Lo compré hace bastante tiempo pero me daba pereza empezarlo, pensaba que iba a ser muy denso. Qué equivocada estaba. Al final me dio  mucha pena que se terminara. ¡Me supo a poco!

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  1. LA SOCIEDAD LITERARIA DEL PASTEL DE PIEL DE PATATA DE GUERSNEY de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows.

En un Londres devastado por las bombas y que empieza a recuperarse de las terribles heridas de la Segunda Guerra Mundial, Juliet Ashton, una joven escritora en busca de inspiración novelesca, recibe la carta de un desconocido llamado Dawsey Adams. El hombre, que vive en la isla de Guersney, un pequeño enclave en el canal de la Mancha, está leyendo un libro de Charles Lamb que ha pertenecido con anterioridad a Juliet. ¿Cómo ha llegado ese ejemplar hasta Guersney? ¿Por qué Dawsey decide ponerse en contacto con Juliet? Dawsey es miembro del club de lectura La Sociedad Literaria del Pastel de Piel de Patata de Guersney, creado en circunstancias difíciles durante la contienda, una rareza en tiempos de la ocupación alemana. Cuando Juliet acepta la invitación de estos excéntricos lectores para visitar Guersney, entiende que ellos y su increíble sociedad literaria serán los personajes de su nueva novela, y su vida dará un vuelco para siempre.

Sin duda, el que más me ha gustado de todos, de hecho, pasa a convertirse en uno de mis libros favoritos, con diferencia. Lo tiene todo. ¡Está escrito en forma de cartas! Y de esa manera, simplemente leyendo lo que se van contando unos a otros, eres capaz de entender esta maravillosa historia. Es dulce, es entrañable, es divertido a pesar de la dureza de la ocupación alemana en las islas del canal, que he de reconocer que me ha conmovido.

También es muy especial la historia de la autora (Mary Ann Shaffer), una norteamericana que fue editora, bibliotecaria y librera. Durante un viaje a Londres en 1976 conoció la isla de Guersney y en un arrebato decidió volar hasta allí, quedando atrapada dos días en la isla debido a una espesa niebla. Esta fue su única novela, y fue publicada poco después de su fallecimiento. Su sobrina (Annie Barrows), ayudó a terminar el libro.

Cometí el error de ver la película… ¡No aprendo! Es muy bonita, me encantó la ambientación, el casting, el vestuario, las localizaciones…. pero no le hace justicia, demasiadas licencias, llegan incluso a modificar la historia y la relación de los personajes. Eso no me gustó.

Bueno, hasta aquí he llegado, espero que alguno os atraiga y si tenéis tiempo y ganas aprovechéis para leer. ¡Cuidaos mucho!

Hasta pronto

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¿Saldrá algo bueno de todo esto?

Leí hace unas semanas en el IG de una escritora a la que sigo (Patricia Benito) que lo malo de esta crisis es que para que se solucione tenemos que pensar más en los demás que en nosotros mismos. Fue entonces cuando empezó mi preocupación.

Reconozco que me costó tomar conciencia de la dimensión de lo que se nos venía encima. No sé si por mi naturaleza tranquila, porque no tengo ninguna tendencia al drama o porque tenía fresco en mi memoria lo ocurrido con la gripe A, lo cierto es que hasta que no se empezó con el “quédate en casa”, me costó situarme. Ahora bien, desde ese momento me lo he tomado absolutamente en serio, cumpliendo con lo que considero que es mi obligación como persona, cuidarme por mí y por los demás, con responsabilidad y por solidaridad, más allá de las prohibiciones, sin trampas. No me ha resultado difícil, me ha bastado pensar en la cantidad de personas que hubieran querido poder quedarse en sus casas, seguros y protegidos y no han podido. Afortunadamente, la inmensa mayoría hemos hecho lo mismo, a pesar de las consecuencias, en algunos casos gravísimas, que todo esto está teniendo.

Volviendo a lo que decía al principio, a todos nos resulta muy difícil pensar en los demás más que en nosotros mismos, más aún es situaciones de este tipo, por eso hay quien desoye los consejos, incumple las normas, busca culpables, critica, juzga, intenta desestabilizar, porque en el fondo solo piensan en ellos. Frente a estos, está siendo impresionante y emocionante la solidaridad de tanta gente, personas sencillas y anónimas que están ayudando y aportando, cada uno como puede y en la mayoría de los casos sin esperar nada a cambio, intentando sumar. Siempre, en todo tipo de situaciones hay personas que son la excepción de la regla, pero por suerte, son pocas.

Todavía hoy, después de llevar 21 días sin salir de casa, me cuesta creer que realmente estemos viviendo esto. Cada día me despierto con esa sensación de que he tenido un sueño y nada de lo que ocurre es cierto.

El confinamiento no me está resultando especialmente duro, me he adaptado bien, me ha gustado mucho la experiencia de trabajar desde casa, organizando mi jornada en función de las necesidades, el tiempo me cunde más por el hecho de no tener que desplazarme al trabajo y de no tardar lo mismo que antes a prepararme. Mucho de ese tiempo lo estoy dedicando, como imaginaréis, a leer pero también estoy más pendiente que antes a las redes sociales. Una parte viene un poco forzada por los grupos de whatsapp del trabajo, pero reconozco que otra parte es totalmente voluntaria. Me imagino que igual que yo estaréis viendo montones de videos, memes y tutoriales. Cada uno, en la medida de sus posibilidades, intenta aportar algo, para que los días nos resulten más entretenidos, unos nos dan recetas, otros tablas de ejercicios, nos recomiendan libros y series, se trata de que este tiempo no sea perdido, que podamos hacer esas cosas que teníamos pendientes o aprender otras nuevas, en definitiva sacar provecho de una situación mala. También por eso, muchos están siendo criticados. Pero dicho esto, me causa un poco de inquietud, la cantidad de bromas, chistes y parodias que llegan por todos lados. Digo inquietud porque, aunque considero que mantener una actitud positiva y conservar el sentido del humor es vital en cualquier situación, mucho más en situaciones tan dramáticas como la que estamos viviendo, no debemos olvidar que hay personas fallecidas, muchas, personas enfermas, muchas más y personas que están trabajando muy duro y en unas condiciones muy difíciles para intentar que esto acabe cuanto antes y de la mejor manera posible. Por eso me parece que no todo vale, que no todo es gracioso y que muchas cosas no son ni siquiera respetuosas.

Pero lo que más pena me da, es la facilidad con la que se pasa de hablar de número de fallecidos a hablar de millones de pérdidas. Estamos preocupados por la crisis sanitaria, sí, muy preocupados, pero no dejan de hablarnos de la crisis económica. Sé que es inevitable, en este mundo que nos ha tocado vivir, todo se mide con dinero, pero… ¿no es muy triste? ¿Ni siquiera en estos casos van a ser prioritarias las personas? Leía el otro día en un artículo que hay gobiernos que cuentan el número de muertos con menos dolor que el número de parados…

He tenido la posibilidad de pensar mucho y observar durante este tiempo y me he dado cuenta de que las crisis, como siempre hemos visto en las películas sobre catástrofes, saca lo mejor de los buenos y lo peor de los malos.

Nos dicen por todos los lados que de esta pandemia va a salir algo bueno, que vamos a aprender muchas cosas, sacar muchas conclusiones, que todo ocurre por alguna razón, que después de esto la vida no va a ser igual. ¿Estáis seguros de eso? ¡Ojalá! Hablaremos de ello cuando esto acabe, que va a acabar ¡no lo dudéis!

Hasta pronto,

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Mujeres

El otro día, un compañero de trabajo se sorprendió porque dije que no me gustaba el morado: “¡Si es vuestro color!”, me dijo.

Soy mujer, es algo que no he elegido, por lo tanto no considero que este simple hecho deba considerarse algo digno de orgullo, lo mismo que tampoco lo consideraría digno de vergüenza. Es un hecho objetivo, totalmente ajeno a mi voluntad y sin ningún mérito por mi parte. Será que siempre me enseñaron a sentirme orgullosa de mis propios logros y no por algo que me venga dado o en lo que no haya participado, pero nacer con un determinado género, lo mismo que hacerlo en una familia concreta o en un país en vez de en otro, son hechos fortuitos y en mi caso concreto creo que lo que debo sentirme es, agradecida.

Dicho todo esto, si hubiera podido elegir mi género, ¿habría elegido ser mujer? ¡Sí, sin ninguna duda! Me gusta ser mujer. A pesar de los hándicaps con los que te encuentras por el simple hecho de ser mujer, a pesar de que, le pese a quien le pese, tengamos muchas más dificultades y nos encontremos con más piedras en el camino, elegiría ser mujer.

Cada año, en torno al 8 de Marzo, el tema del feminismo cobra protagonismo y en esto, como en taaaaaaantas otras cosas, hemos pasado de un extremo al otro, de la nada al todo. Hace no tanto, las poquísimas mujeres que se declaraban abiertamente feministas, estaban estigmatizadas, ahora sin embargo, son las que confiesan no sentirse feministas las que son cuestionadas y señaladas.

A este respecto, la primera pregunta que me surge es: ¿se puede ser mujer y no ser feminista? La respuesta dependerá de lo que cada persona entienda por feminista. En mi caso lo tengo claro: ser feminista significa entender y defender que hombres y mujeres tienen los mismos derechos y obligaciones. ¡Ni más, ni menos! Significa que nadie tenga ninguna dificultad para desarrollar su actividad, hobby o cualquier cosa que pretenda por el hecho de tener un determinado género, que pueda vivir su vida libremente y desarrollarse como persona más allá del genero al que pertenezca. Dicho así, entiendo que es muy difícil ser mujer y no ser feminista, ¿no?

Creo que el tema de la igualdad lo tenemos claro, por lo menos está en boca de muchísimas personas, ahora bien, partiendo de este punto: quiero y busco la igualdad, por lo tanto soy feminista, parece que existe un gran abanico de posibilidades y que la palabra feminista se queda corta, hay que pertenecer a un grupo concreto de feministas. Pero… ¿Quién decide quién es feminista y quién no? ¿Existe algún manual de la “buena feminista”? ¿Quién lo ha escrito? ¿Hay una escala de feminismo?¿Cómo se asciende por ella? No quiero resultar sarcástica, pero cada año por estas fechas, veo, leo y oigo cosas que a veces me superan.

Tengo 53 años, llevo trabajando desde los 22, nunca en mi vida he dependido ni económica ni afectivamente de nadie, hombre o mujer, realizo las tareas domésticas, pero también se me da bien el bricolaje, nunca he considerado una carga cuidar de mis hijas –yo decidí ser madre-, no compartí el permiso de maternidad, ni lo compartiría si volviera a ser madre, aunque éste durase 60 semanas -creo que me lo merecía tras pasar por los embarazos, los partos y lactancias- y además la posibilidad de pasar ese tiempo con mis hijas me parecía un regalo. Cuido mi imagen, me maquillo, me tiño el pelo y me depilo, porque así lo quiero YO. Nunca he permitido que nadie decida por mí, ni tengo intención de hacerlo ahora.

No quiero polemizar, nunca me ha gustado la polémica, pero sí quiero decir que la lucha por la igualdad es muy seria y muy dura, llevamos muchos años en ella y por desgracia creo que aún nos quedan muchos. Lo que necesitamos la mujeres no es ser “tuteladas” por otras mujeres, sino unirnos y luchar unidas, porque sí, juntas somos más fuertes. Y tenemos que hacer que esta batalla no sea solo nuestra, necesitamos a los hombres, hacerles ver que esta lucha sigue siendo necesaria y que tienen que ser parte de ella, que sientan que como personas tienen la obligación de hacer que el mundo sea mejor para sus hijas, sus hermanas, sus madres y sus parejas. ¡Y esto no se consigue sin igualdad! Un mundo sin igualdad de derechos y de oportunidades siempre va a ser un mundo injusto, y la erradicación de la injusticia, es cosa de todos.

Celebremos hoy el día internacional de la mujer, sigamos dando pasos en esta dirección y evitemos los frentes, respetemos a todas las mujeres, también a las que piensan distinto y eduquemos a las nuevas generaciones en igualdad y en libertad.

Habrá quien no lo vea así, yo lo tengo muy claro, hace tiempo que decidí aportar, porque soy libre y sí, ¡soy feminista!

Hasta pronto

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Un día sin móvil

Leía el otro día en un artículo sobre protocolo, que en clubes y restaurantes, cada vez con más frecuencia, cuando te indican cual es tu mesa te piden el móvil, lo identifican con una ficha como si fuera un abrigo y lo confiscan hasta que abandonas el local.

Hace un tiempo me dejé el móvil en casa. No era la primera vez que me pasaba, pero sí la primera vez que no podía volver a por él. Cuando lo eché en falta, mi primera sensación fue la de pánico. Una de mis hijas estaba de viaje y casualmente ese día yo no iba directa al trabajo, lo que suponía que iba a estar “incomunicada” varias horas. Suele ser habitual en mí quedarme sin batería, pero siempre tengo la posibilidad de avisar antes de que se me apague y generalmente suele ser ya por la tarde, cuando queda muy poco para llegar a casa, pero esta vez, no, esta vez me encontraba en esa situación a primera hora de la mañana y sola. Me asaltaron los miedos de siempre: ¿y si me tienen que localizar para algo urgente? ¿y si se piensan que me ha ocurrido algo a mí porque no contesto? ¿cómo les aviso de que estoy sin móvil? Preguntas y más preguntas. Como no había ninguna posibilidad de cambiar la situación, decidí dejar de dramatizar. ¡He pasado más de media vida sin móvil y nunca he tenido ningún problema por ello! No creo que en unas horas pase nada. Calma.

Lo cierto que ese día sin móvil, bueno fueron unas 12 horas, me acabó gustando, me despreocupé de tener que silenciarlo en la consulta del médico, no tuve que abrir y cerrar el bolso cada vez que éste sonaba o vibraba, aproveché el viaje en el metro para pensar en algunas cosas que tenía pendientes en vez de curiosear Instagram… Y en cuanto a mis preocupaciones, tan pronto como llegué al trabajo avisé de que estaba sin móvil, cosa que ya se habían imaginado, de hecho, al segundo whatsapp sin el doble tic azul, mi hija escribió a su hermana: “para variar ama está sin teléfono, si necesitas algo escríbeme a mí”, nadie pensó que me hubiera pasado nada y afortunadamente nadie tuvo que localizarme para nada urgente. Cuando llegué a casa, en el teléfono solo había una llamada perdida (de mi marido) y los dos whatsapp mencionados.

Siempre hablamos de los móviles, de lo imprescindibles que se han vuelto, alabamos la cantidad de cosas que hacemos con ellos (casi todo menos llamar…), se usan de agenda, de archivo, de despertador, ya no memorizamos nada, ni números de teléfono, ni citas, ni cumpleaños, hemos sustituido muchas llamadas por mensajes, postales de cumpleaños o de Navidad por whatsapps. Confesamos que no sabríamos vivir sin ellos, de hecho si se nos rompe o lo perdemos, corremos a comprar otro a pesar del desembolso que eso nos supone.

Pero por otro lado, reconocemos que estamos enganchados, que sin el móvil nos sentimos intranquilos, incomunicados.  En los telediarios aparecen muy a menudo noticias sobre cuántas veces al día miramos el teléfono, cuánto tiempo estamos sin comprobar los mensajes, los likes… Yo no estoy segura de que sea para tanto, no se si trata de dependencia realmente, pero si que reconozco que nos hemos puesto un poquito pesados con los móviles, ya se que es un entretenimiento y que lo usamos para leer o para ver videos o escuchar podcasts, pero aunque hagamos un “buen uso de él”, lo cierto es que tiende a aislarnos un poco de lo que tienes alrededor. Aunque en su defensa también he de decir que en un porcentaje alto de casos, el móvil ha venido a sustituir a los libros o a los periódicos, los cuales también, por lo menos en mi caso, también me aíslan del resto del mundo.

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Publicada en la cuenta de IG Historyphotographed, os recomiendo que la echéis un vistazo, es muy interesante, a mí me encanta, la sigo desde hace bastante tiempo, publica unas fotos muy curiosas que son trocitos de historia.

Según escribo esto, me viene a la memoria una anécdota que le ocurrió a una amiga, lectora empedernida, que siempre aprovechaba el viaje en tren entre su casa y el trabajo para leer. Hasta tal punto se metía en la historia que una vez, se le acercó un empleado y le dijo: “Señora tiene que bajar del tren”, mi amiga sorprendida le preguntó: “¿Por qué? ¿Ya hemos llegado?” a lo que el empleado le contestó: “No, pero el tren ha descarrillado y hay que bajar”.

Un poquito aislada también iba, ¿no os parece?

Hasta pronto,

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El amor está sobrevalorado

Me gusta mucho San Valentín, lo confieso abiertamente. No me afectan las críticas de los que lo tachan de ser un día dedicado al consumo y me da igual que algunos digan que es un invento del Corte Inglés, creo que es bueno que, por lo menos una día al año, lo dediquemos a pensar en el amor. Me consta que más de un enfado se ha terminado ese día y no pocas parejas se han reconciliado en San Valentín, así que aunque sea solo por eso, ya merece ser celebrado.

No os penséis que soy una romántica empedernida, ni una de esas personas que lo llena todo de corazones, pero el 14 de febrero me parece un día especial. Siempre pongo algún recorte o alguna pegatina relativa a este día en la agenda y me gusta felicitar a mis amigas o a mis compañeros de trabajo. Huelga decir que me gusta hacer y recibir algún regalito. Es uno de esos días diferentes que me “obligan” a salir un poco de la rutina.

Ahora bien, dicho todo esto, también quiero decir que en mi opinión el amor, el amor de pareja, el amor romántico como algunos lo califican para distinguirlo de otros tipos de amor, está sobrevalorado. ¡Ahí va lo que he dicho!

Me explico. No quiero decir con esto que el amor no sea maravilloso, no discuto lo bonito que es querer y que te quieran ¡siempre que sea recíproco, claro! El amor unidireccional duele, aunque no tengo claro qué es peor, si amar y que no te amen o ser amado sin que tu sientas lo mismo. A lo que me refiero es a los “superpoderes” que algunos se empeñan en adjudicarle al amor, a esa falsa creencia de que el amor lo puede todo, a esa afirmación de que si hay amor todo lo demás se supera, a esa sentencia de que “lo importante es que os queráis” y a esa manía de hacernos creer que el amor es suficiente.

¡Pues no, el amor no es suficiente! Es maravilloso, sí, pero no es capaz de todo, de hecho, yo creo que es capaz de muy pocas cosas.

Dando vueltas a esta idea, me vino a la cabeza una anécdota de cuando era adolescente. En aquella época en la que empezábamos a conocer el amor, las relaciones de pareja no eran como ahora. El noviazgo duraba hasta que podían casarse y una vez casados iniciaban la convivencia, no era habitual que hubiera una convivencia previa al matrimonio, solo algunos adelantados a su época lo hacían. Recuerdo que mi mejor amiga de entonces siempre decía que ella antes de casarse quería convivir un tiempo. Contaba horrorizada la posibilidad de que una vez casada descubriera, por ejemplo, que no soportaba ver a su marido lavarse los dientes. A nosotras aquello nos resultaba divertido: “¡que tontería!” le decíamos. Creíamos que cuando estás enamorada eso no importa y aunque importara, era sencillo evitar esa situación: “¡Te vas al otro baño!”

Mi preocupación sin embargo era otra. Mi miedo era enamorarme de la persona equivocada. Con equivocada no quería decir una mala persona o una persona complicada o que no supiera quererme, me refería a una persona con la que no encajara. Alguien con distintas costumbres, con distinta ideología, con distintas aficiones, una persona con la que fuera incompatible. Y a mí también me decían lo mismo: “Lo importante es que te quiera mucho”.

Cuento esta anécdota porque con el paso de los años he ido descubriendo que ninguna de las dos preocupaciones era una tontería.

¿Os habéis parado a pensar en que hay personas que comparten piso durante años sin grandes problemas y sin embargo muchísimas parejas no superan la convivencia?  Es algo que siempre me ha llamado la atención, lo mismo que esas amistades que duran toda la vida y se fortalecen con el paso del tiempo mientras que las parejas por lo general se resienten mucho antes.

He pensado mucho sobre esto y he llegado a la conclusión de que la razón de esto es que la amistad normalmente surge de la compatibilidad, de la afinidad, de compartir cosas, momentos… El amor, sin embargo, es otra cosa, muchas veces también surge de la afinidad, pero otras no se sabe muy bien porqué surge, pero surge y te enamoras de quien te enamoras, y te enamoras mucho, y darías la vida por esa persona, pero a veces… ¡“no soportas como se lava los dientes”!

Si hacemos caso de esas cosas que siempre hemos oído sobre el amor, dudamos y hasta nos sentimos culpables ¿será que no amo lo suficiente? No, nada de eso, lo único que ocurre es que el amor no lo arregla todo, por mucho que quieras y requieras la cosa no cambia y entonces, una vez comprobado que es otra de las cosas que se empeñan en hacernos creer, y que lo que no arreglemos nosotros nadie lo va a arreglar, toca decidir si a pesar de todo nos merece la pena y nos compensa, y si la respuesta es sí, pues…  ¡“irte al otro baño”!

Siempre habrá quien nos diga, sobre todo esas personas que se jactan de no celebrar el 14 de Febrero porque para ellos San Valentín es todos los días del año, que si no lo puede todo, entonces no es amor, pero… ¿quién define el amor?

Hasta pronto,

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Foto: Portada del libro “Three more novels of Ronald Firbank” realizada por Andy Warhol

Prejuicios

Escribo este post para aliviar mi conciencia. Es un poco como esas veces que necesitas verbalizar un hecho para quitar esa sensación de culpa… Parece que si se lo cuentas a alguien te sientes un poco menos culpable, como una especie de confesión.

Desde que la ley de la oferta y la demanda fuera tácitamente nombrada la única ley que debe regir cualquier tipo de relación, sea o no comercial, ocurre que la misma habitación del mismo hotel puede llegar a triplicar su precio a nada que en la ciudad en la que pretendes alojarte se celebre alguna feria, congreso o evento. Ya no se trata de que sea o no temporada alta, qué tiempos aquellos…. se trata de lo que ocurra ese día concreto.

Una consecuencia de esto, es que las que no siempre viajamos por placer y nunca con presupuesto ilimitado, nos enfrentamos a eternas búsquedas a la caza de un hotel en buenas condiciones y a un precio razonable.

En estas andaba yo una noche, casi desesperada porque no encontraba nada que encajara en mis parámetros, cuando de repente se apareció ante mis ojos un hotel en pleno barrio de las letras, con muy buena pinta, una decoración muy especial y a un precio bastante ajustado. Después de  leer varios comentarios, para descartar que  hubiera gato encerrado, me decidí a reservarlo.

Tanto me había gustado la estética del hotel que al día siguiente les enseñé las fotos a mis hijas. Cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que en varias de las fotos aparecían chicos estupendos ligeros de ropa… Sí, era un hotel gay. Cuando entré en la web propia del hotel y confirmé que así era, mi primera intención fue cancelar la reserva.

De ahí mi desasosiego. Yo que siempre me he considerado una persona abierta y libre de prejuicios, tuve una reacción propia de una persona prejuiciosa. ¡Qué vergüenza!

En mi defensa he de decir que fue un momento muy breve, en el transcurso de una conversación de 10 segundos conmigo misma en la que me pregunté: ¿cancelo? y me respondí: ¿no, verdad? ¿Por qué iba a hacerlo?

La única razón para ello hubiera sido que mi presencia no fuera bien recibida, entonces sí que habría cambiado de hotel, pero este se autodefinía como heterofriendly, así que no tuve necesidad de hacerlo y la verdad es que me alegro mucho de ello.

El hecho de que mi reticencia inicial fuera tan breve, puede servir de atenuante, pero en mí dejó una marquita. Me dolió porque me di cuenta de que en vez de tener empatía con un colectivo que siente la necesidad de que existan hoteles en los que poder comportarse con naturalidad y expresarse libremente, sin aguantar miradas y sin miedo a la crítica o al juicio de los demás, me comporté precisamente como la causa de esta necesidad. ¡No volverá a ocurrir!

Reflexionando un poco sobre los prejuicios, creo que ocurre un poco como con el odio, creemos que es malo para los demás, pero en realidad es malo para nosotros mismos. Cuántas veces he dejado de hacer un viaje porque me parecía que el destino estaba lleno de gente muy mayor o muy joven o muy cutre o muy pija, cuántos libros (algunos seguro que me hubiesen gustado) no he querido leer porque el autor no piensa como yo, o cuántas películas (me consta que algunas de ellas muy bonitas) no he visto porque el director se posicionó políticamente en el lado que no me gusta o el protagonista lleva un estilo de vida determinado, a cuántos bares, tiendas o peluquerías no hemos acudido por alguna razón de este tipo. Podría poner muchos ejemplos. ¿Vosotros no?

No sé si os habéis puesto a pensar en ello, pero creo que a todos nosotros nos ha pasado algo parecido en algún momento de nuestra vida, quiero pensar que fue cuando éramos muy jóvenes, cuando aún no habíamos llegado a desarrollarnos del todo como personas y todavía no habíamos desechado de nuestras vidas esas actitudes o comportamientos, pero si lo analizamos bien, probablemente nunca nadie se libra totalmente de los prejuicios. Lo que es casi seguro es que nos perdemos muchas cosas por culpa de ellos.

Se me ocurre que ahora que acaba de empezar el año y estamos todos en fase de fijarnos nuevos propósitos, este sería uno a tener en cuenta. Seguro que nos hace bien.

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Dejo ya de flagelarme y os hablo del hotel. Me encantó. Ocupa un edificio antiguo, está distribuido de una manera muy diferente al resto, con una estética muy especial y un toque divertido. El personal es amable y atento como en pocos sitios y los clientes con los que me encontré fueron todos muy agradables. Me sentí muy a gusto. A partir de ahora tengo un hotel más al que acudir.

Hasta pronto,

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Querido 2019

Querido 2019,

Te escribo para despedirme como te mereces, ya sé que hace unos cuantos días que te has ido, pero quería dedicar un tiempo a ordenar mis recuerdos.

En este tiempo en el que te ha tocado vivir, en el que todo es de usar y tirar, parece que estamos más pendientes del futuro que del presente y tenemos la costumbre de olvidarnos muy pronto del año que estamos viviendo para empezar a pensar en el próximo. Nos parece del todo normal que el mes de Diciembre lo dediquemos, casi por completo, a pensar y planificar el año que va a empezar. Por todos los lados nos bombardean con lo que va a venir: las revistas nos anuncian qué parejas se van a casar y qué bebés van a nacer, los periódicos nos pronostican cambios de gobierno o nuevas leyes, cuando no catástrofes, leemos sobre la que va a ser la dieta del año, sobre los nuevos cortes de pelo y sobre los destinos que no podemos perdernos, el otro día leí cuales van a ser las cirugías más solicitadas en 2020 ¿te lo puedes creer? A mí me da la sensación de que por no querer perdernos nada, nos perdemos una cosa: el presente, el hoy, lo único cierto. Nos venden mil agendas y dietarios en los que programar el nuevo año y apuntar nuestros propósitos, metas y objetivos. Si esto ya era casi obligado cada inicio de año ¡imagínate este que además empieza una nueva década! (bueno, no todo el mundo está de acuerdo con este hecho, no sé si te habrás enterado, el mundo se divide entre los que creen que este año empieza una década y los que piensan que se termina, lo mismo que ocurrió en el año 2000 con el inicio del milenio…)

No digo que todo esto no esté bien, al final todos necesitamos ponernos objetivos a futuro y tener alicientes que nos hagan esperar con ilusión un nuevo año, pero… ¿y el que se está yendo? En mi opinión vivimos demasiado deprisa, ya ni siquiera podemos esperar a que termine el año para empezar el siguiente. ¿Tú qué opinas? ¿No te parece que tendemos a malgastar el presente pensando demasiado en el futuro? Será que me estoy haciendo mayor, pero a mí, desde hace unos años me gusta más hacer balance. No quiero decir con esto que no me guste mirar al futuro y ponerme metas que alcanzar y con las que ilusionarme, quiero decir que también me gusta echar un vistazo hacia atrás, hacia lo vivido y hacer recuento de lo bueno y de lo malo que me has traído, sacar conclusiones y fijar bien los recuerdos en mi memoria con el fin de revivir lo bueno y tratar de no repetir lo malo, y una vez hecho esto, entonces sí, plantearme cómo me gustaría vivir el nuevo año y ver qué metas u objetivos puedo plantearme.

Ya he hecho balance y en general no me puedo quejar, has sido un buen año, me has traído muchas cosas buenas y algunas muy buenas: buenos libros, buenas pelis, muchos cafés en sitios bonitos, algunos viajes, la boda de unas personas muy especiales…, diría que solo me has dejado una cosa mala, pero tan mala, que no puedo quedarme con un buen recuerdo de ti. Ya sé que no es culpa tuya, las cosas ocurren, pero a pesar de ello, en mi agenda vital quedarás, no como un mal año, sino como un año triste.

Siento ser tan sincera, no pienses por ello que soy una desagradecida, sabes que no es así, valoro mucho y aprecio todas las cosas que he vivido, las guardo en mi memoria y todas ellas harán que las recuerde unidas a ti. Ahora ya es momento de dejarte marchar, y empezar a pensar en el año que acaba de empezar ¡espero que 2020 responda a mis expectativas! Con que sea la mitad de redondo de lo que parece, me daría por satisfecha.

Hasta siempre,

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