Quiero ser como Julia Roberts

Probablemente no os acordareis, pero en mi primer post decía: Soy una mujer del 67, sí, como Julia Roberts, pero de esta galaxia”. Ya os he confesado más de una vez que no soy mitómana, pero no me negaréis que esta mujer es ¡como de otra galaxia! Lo tiene todo, en su faceta de actriz me encanta, no en vano es la protagonista de muchas de mis películas favoritas. Su vida personal es suya, no tendría porqué dar explicaciones a nadie, pero siempre ha sido discreta y nada ha trascendido más allá de lo evidente. Una vez dijo que su marido era su persona favorita en el mundo ¿se puede ser más tierna? Y desde el punto de vista estético… ¿qué queréis que os diga? ¡Me encanta!

Se me ha ocurrido escribir sobre ella porque hace poco ha cumplido 52 años, como yo, mejor dicho, los mismos que yo, y por este motivo ha sido portada de alguna que otra revista. En una de ellas (In Style) cuentan una anécdota que me ha conmovido, dicen que “en 2004 unos arqueólogos encuentran en la villa de Ohoden (Bulgaria), un esqueleto de mujer de 9000 años de antigüedad con una dentadura en perfecto estado. Deciden llamarla Julia Roberts. Nunca antes una sonrisa había hecho historia…” Ciertamente, para mí no hay otra sonrisa igual, es contagiosa, te alegra el día solo verla sonreir.

Siempre he tenido referencias estéticas, mujeres que me parecen un modelo de estilo. Desde el principio he buscado un  modelo de “señora mayor”, esa a la que te refieres cuando dices de mayor quiero ser como… No es que lo sintiera como una necesidad, pero sí que me ha dado y me da una especie de seguridad o cierta tranquilidad saber cómo quiero ser en el futuro (que cada vez está más cerca) y actuar conforme a ese objetivo. En mi caso, este modelo es Diane Keaton, concretamente la Diane Keaton de “Cuando menos te lo esperas” aunque me valdría la de cualquier película posterior. Es toda una señora en cuanto a estilo, pero además es muy jovial, activa y sobre todo, me parece que hace lo que le da la auténtica gana, que es muy libre, da la sensación de que solo responde ante ella misma ¿se puede pedir más? La he visto en algunos programas de Ellen DeGeneres y es un ejemplo de vitalidad y alegría.

Desde hace algún tiempo, según he ido cumpliendo años, además he buscado referencias de mujeres de mi edad. Julia Roberts no es la única, también están Julianne Moore o Cate Blanchett, pero sí es la más.

¿En qué pienso cuando digo referencias estéticas? No quiero decir que me parezca a ellas ¡que más quisiera!, ni que aspire a parecerme a ellas, yo soy como soy y me acepto, lo que quiero decir es que me sirven para encontrar un estilo, para resolver algunas dudas y a veces, para quitar algunos complejos. Mejor me explico… No sé si os pasa como a mí, pero muchas veces cuando veo alguna prenda que me gusta dudo sobre si es “apropiada” para mí: ¿demasiado corta? ¿demasiado ceñido? ¿ese color?. Las modelos de las tiendas, aunque algo se va avanzando en este aspecto, no suelen tener nuestra edad y a veces me cuesta visualizar el resultado en mi propio cuerpo.  En estos casos recurro a Julia Roberts. Si ella lo lleva…¡Yo también puedo! ¿Y por qué? Porque es una mujer que representa los valores estéticos que me gustan: ante todo es muy discreta, nunca resulta excesiva; es fina, no parece que le guste llamar la atención; es elegante, pero sin ir excesivamente arreglada; y sobre todo, siempre va apropiada, sabe como ir en cada ocasión, manteniéndose siempre fiel al mismo estilo. El suyo.

Ya sé que quizá no hable muy a mi favor el hecho de “necesitar” orientación estética a mis años. Sobre todo ahora que nos intentan convencer de que lo mejor que te puede pasar en la vida es tener más de 50 años, porque a esa edad todo es mejor: somos más seguras, más independientes, más solventes…etc. Perdonad que discrepe. Tener 50 años es algo que nos pasa, pero no es lo mejor, ya sé que tampoco es lo peor, pero me niego a idealizarlo. Es un proceso que va como en paralelo a tu vida, envejeces, pero tu mente no se entera, te sientes la misma chica de siempre, pero eres una chica de más de cincuenta, y a veces no sabes muy bien cómo “situarte”. Para el día a día, para vivir tu vida eres tú la tiene que bucear en tu interior y buscar el sitio en el que quieres estar, nadie puede decírtelo ni debe imponértelo (hasta ahí podíamos llegar), pero para temas menos serios, más frívolos como es tu aspecto, viene bien buscar una ayudita… ¿No os parece?

Hasta pronto,

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“¿Por qué  permanecer sentada aquí, si me aburro con toda esta gente, y no salir a ver qué hay fuera? Se trata de dar ese paso que puede cambiarlo todo.” –Julia Roberts-

Kimonos… ¡Démosles una oportunidad!

Parecía que iba a ser una tendencia efímera, pero llevan entre nosotras unas cuantas temporadas y esta primavera-verano, a juzgar por lo que se está viendo en las tiendas, van a seguir por aquí. Me refiero a los kimonos.

Se trata de una prenda bastante especial y a primera vista me parecía que no iba a resultarme muy útil, pero después de un par de primaveras he llegado a la conclusión de que es mucho más práctico de lo que pensaba.

Las que tenemos la suerte de vivir a orillas del Cantábrico, sabemos que son muy pocos los días en los que podemos ir en manga corta desde la mañana hasta la noche, así que el kimono es una opción que podemos usar además de la socorrida cazadora vaquera o de la clásica chaqueta de punto. Además da un toque especial. Sin ser para nada una prenda arreglada otorga a los looks mas relajados un aire chic, que a veces viene muy bien cuando no quieres resultar excesivamente desenfadada.

Dicho todo esto, reconozco que yo no invertiría una parte importante de mi presupuesto en comprar un kimono. Por el uso que yo voy a dar esta prenda, no iría a buscando un corte muy especial, ni una seda … optaría por un diseño neutro y un tejido fácil, que tenga caída, sí, porque esa es la gracia del kimono, pero que no se arrugue demasiado y que no necesite excesivo mantenimiento. En cuanto al estampado, eso va en función de lo arriesgadas que seamos cada una de nosotras.

En mi afán de mostraros prendas útiles y otras formas de usar las prendas que ya tenemos, os voy a hablar de cómo tener un kimono, sin comprar un kimono. ¿? Me explico.

Hace unos meses compré un vestido para un acto un poco formal, era bastante sencillo, pero para usarlo a diario me parecía muy serio y no veía la forma de quitarle esa rigidez.

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Un día al colgarlo, me di cuenta de que si no lo ataba podía hacer las funciones de kimono. La forma, la largura y el cinturón que tenía hacían de él el candidato perfecto para darle otra vida. Y así empecé a hacer pruebas con mi ropa y a buscar posibilidades para distintas ocasiones. Encontré tres.

La primera es la más fácil, con pantalón blanco y camiseta negra. Reconozco que tengo bastante tendencia a la sobriedad y que el blanco y negro predominan bastante en mi armario, pero en este caso, dado que el vestido tiene un estampado bastante marcado, creo que es lo mejor para no recargar excesivamente el resultado. He utilizado una camiseta flojita con cuello en pico y mucha caída, pero también queda genial con un tank top negro, para días más calurosos.

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La segunda es por los colores muy parecida a la anterior, por la misma razón, pero en este caso he puesto un pantalón negro con una camiseta blanca con mensaje, para que veáis que el estampado, aunque sea marcado, también admite combinaciones con letras si éstas no son de colores fuertes.

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Para todas las propuestas he elegido pantalones pitillos. Al ser el kimono una prenda larga y floja, prefiero el contraste con algo estrecho en la pierna. Lo contrario me resulta demasiado voluminoso. Pero es solo mi opinión.

La tercera es también bastante neutra para no quitar el protagonismo al kimono. Un vaquero y un top lencero blanco. Una propuesta más relajada que las anteriores, pero que tiene ese toque chic que os decía antes. Queda un poco más vistoso y viste un poco más que solo el vaquero con el top.

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Para este tipo de looks, me gusta el calzado plano. Hay que aprovechar que esta temporada está tan de moda y hay tantas cosas diferentes para dar un descanso a los pies. Me encantan los mules, hay mil modelos, de casi cualquier tejido, color y precio. Me parece un opción perfecta, aunque también admite unas sandalias, unas parisinas… Si lleváis bolso, uno tipo cesto o un cubo… según el aire que queráis darle al conjunto.

No sé que os ha parecido la idea de usar un vestido como kimono. Serviría cualquier vestido camisero, que sea recto y que tenga un poco de caída. Lo mismo da que sea estampado o liso, todos tienen muchas posibilidades, pero sí que es importante, que el protagonismo lo tenga el kimono, por eso, yo os recomendaría optar por combinarlo con prendas neutras.

Haced pruebas ¡y me contáis! Y las dudas o sugerencias ¡me las hacéis llegar!

Hasta ponto,

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Las Parisinas

Como buena “amante de la moda” que soy, sigo algunos blogs y algunas cuentas de Instagram. Tampoco muchísimos, en cualquier caso, no tantos como me gustaría, principalmente por falta de tiempo, pero también porque como ya he comentado alguna otra vez, es difícil encontrar propuestas que me encajen, ya sea por físico, por edad o por presupuesto. Casualmente, de que entre los que sigo porque me gustan sus propuestas, hay varios cuyas autoras son parisinas. Me refiero por ejemplo a Sabina Socol y a Jeanne Damas.

Se da la circunstancia de que ninguna de las dos sobrepasa la treintena (en edad, precisamente ¡no coincidimos!), ambas tienen unos tipos estupendos (bueeenoooo…) y la ropa que llevan no siempre es low cost. ¿Por qué las sigo entonces? Porque visten con una sencillez encantadora. Es precisamente esa sencillez lo que hace que resulte fácil encontrar prendas parecidas en tiendas asequibles y también que sea fácil adaptar ese estilo a todas las edades y a casi todas las tallas. Sus propuestas son para mí una fuente continua de inspiración.

Esa característica es la que yo destacaría del estilo parisino, ese “menos es más” tan bien entendido, ese no complicarse la vida a la hora de vestir. Prendas simples, con cortes que favorecen a casi todas. El arte de estar guapas con un vaquero y un jersey de punto, con un vestido y unas alpargatas o de hacer que un cestito de mimbre resulte coqueto. Sencillez.

Prendas especiales por pequeños detalles: un desflecado en un pantalón, unos botones en una falda, una abertura estratégica, un volante en una chaqueta de punto…Eso sí, siempre evitando siluetas excesivamente ceñidas, estampados agresivos, colores estridentes o tacones imposibles. En resumen, un tipo de ropa que se adapta perfectamente a nuestra edad por su discreción, pero que a pesar de ser atemporal, puede adaptarse fácilmente a las tendencias usando los complementos o algunos  detalles sutiles, un estilo que nos permite ir “a la moda” y a la vez acorde a nuestras circunstancias personales.

Cuando empecé a escribir este post, vino a mi memoria la vez que en un viaje a Burdeos, encontré en una librería una guía titulada “Le parisienne” escrita por Ines de la Fressange, mi modelo favorita de todos los tiempos. Con tan solo echarla un vistazo ya quise tenerla, desafortunadamente estaba en francés, así que tuve que resignarme a esperar a que la tradujeran, si es que decidían hacerlo. Tuve suerte, en 2011 Random House Mondadori publicó La Parisina, guía de estilo de Ines de la Fressange. He releído esa guía y me ha sorprendido lo actual que sigue resultando. Han pasado más de ocho años desde que la escribió y todas las propuestas que hace pueden llevarse hoy perfectamente, de hecho, se siguen viendo a diario, tanto en bloggers como por la calle. Aquí os dejo una muestra.

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Siete son las prendas que considera imprescindibles en nuestro armario:

Un jersey azul marino

Una chaqueta masculina

Un trench

Una camiseta sin mangas

Un vestido negro

Una cazadora de cuero

Unos vaqueros.

¡Que levante la mano quien no las tenga todas o casi todas!

Estas prendas tan “fondo de armario”,  en varios colores y estilos y combinadas con unos complementos chulos ¡dan tanto juego! Mucho más del que nos podemos imaginar. La misma ropa cambia radicalmente solo con utilizar distintos zapatos o distinto bolso, o llevar un collar o un pañuelo concreto. ¡Cuánta importancia tienen los complementos! Se puede ir siempre a la moda con ropa clásica únicamente adoptando los complementos.

Pero lo que más me ha gustado de esta guía cuando la he releído (porque la primera vez que la leí era mas joven), ha sido esta sección:

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Qué pocos consejos de moda encuentro (y os prometo que busco ¿eh?) que se adecúen tanto a lo que pienso como estos. Muchas veces no se cómo conciliar el irrefutable hecho de que soy una cincuentañera con vestir de forma fresca y acorde a las tendencias actuales, y cómo distinguir cuáles de esas tendencias puedo seguir y cuáles debo evitar. La respuesta, para esta entendida, es así de sencilla:

“La parisina se mantiene al margen de las tendencias pero conoce lo que es trendy. El truco consiste en no seguir las corrientes al pie de la letra. Por ejemplo, si el estampado de pantera está en boga, la parisina no se equipa como si acabara de escaparse de un zoo. Un pañuelo pequeño con motivos animales le bastará para demostrar que tiene estilo y no forma parte de la manada”.

¡Voilá! Era eso. Qué fácil parece ¿verdad? Vamos a seguir intentándolo…

Hasta ponto,

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Hoy hablamos de moda

Me gusta mucho la moda, me encanta. Le dedico mucho tiempo, desde muy jovencita leo revistas, ahora sigo blogs, observo a la gente por la calle, entro en tiendas, imagino distintas combinaciones de ropa… Pero he de confesaros que me ha costado muchos años asumirlo sin complejos. Esta es una de las ventajas de ir cumpliendo años, que empiezas a considerar más importante lo que piensas tú que lo que piensan los demás, y sobre todo que te interesa mucho más lo que tú piensas de ti que lo que los demás piensan de ti. ¡Y os aseguro que es muy liberador!

Estoy un poco harta de clichés. Dicen que la moda es algo superficial, que banaliza, que cosifica a la mujer e incluso cosas tan fuertes como que la esclaviza. Bueno, bueno… Un poquito de mesura, ¿no? Y dedicar una media de 3 horas diarias al cuidado del hogar y de la familia, ¿no nos esclaviza?

No hay que confundir las cosas. Nunca diría de mí que soy superficial, me considero una persona con valores, así me han educado y así estoy educando a mis hijas. Estoy comprometida socialmente y colaboro con organizaciones de ámbitos muy diferentes, pero también me gusta verme “guapa”. No creo que una cosa sea incompatible con la otra.

Nunca antepondré una persona bien vestida a una buena persona, ni juzgaré a una persona por su manera de vestir (en realidad nunca he juzgado a nadie, no soy jueza, es una manera de hablar). Pero esta actitud debería ser bidireccional, quiero decir que ni juzgo, ni quiero que me juzguen. Una persona no está más o menos capacitada por su forma de vestir y ya está. A partir de ahí que cada una se sienta libre de hacer lo que más le guste.

Me parece muy respetable que muchas personas no den ninguna importancia al hecho de vestirse, tan respetable como que sí se la den. En mi caso lo entiendo como un hobby o una afición más, no me obsesiona, ni me quita el sueño, ni me supone un dispendio. La moda tiene para mí un componente meramente estético. En el poco tiempo que llevamos juntas, os he hablado más de una vez de que me gustan las cosas bonitas. Hay cosas que son bonitas de por sí y en ello radica su valor: los libros, los cuadros, las esculturas, los edificios, las flores. Otras cosas sin embargo, no necesitan ser bonitas, pero mejoran con la belleza: una mesa bien puesta, una casa bien decorada, por nombrar algunas.

Sé que es una opinión muy personal. A mí me gusta vestirme, me divierte, y creo que eso suma, no considero que me reste valor como persona, como mujer ni como miembro de la sociedad.

Aclarado todo esto, lo que quería decir es que sí, que en el blog también voy a hablar de moda. Os voy a contar las dudas que me van surgiendo y las soluciones, si es que he sido capaz de encontrarlas, claro. Procuraré daros ideas, por si alguna os sirve, comentaros prendas que me han gustado… De esta manera el tiempo que yo dedique a pensar puede resultar una buena inversión si os ayuda a alguna.

Ahora sí. Todo muy modesto, ¡no esperéis grandes marcas! Soy una asalariada, descendiente de una vasta saga de asalariados, o sea, sin fortuna previa y por lo tanto con un presupuesto limitado. Blogs llenos de prendas maravillosas, bolsos alucinantes y zapatos de ensueño, hay muchos, totalmente fuera del alcance del 90% de nosotras, tanto por presupuesto, como por edad, por talla, por estilo de vida (¡no me veo yo yendo al trabajo con un Gucci!). Por eso voy a centrarme en prendas al alcance de ese 90% excluido de los anteriores, y sobre todo en intentar demostrar que cada prenda puede tener más vida de la que pensamos. Muchas veces nos aburrimos de nuestra ropa porque tendemos a usarla siempre de la misma manera, si somos capaces de verle más posibilidades, volveremos a darle otra oportunidad, lo que supondrá no estar constantemente sintiendo que necesitamos más ropa y no decir tan a menudo “¡no tengo qué ponerme!”

Si os sirve de idea, yo recorto de las revistas los looks que me gustan para intentar reproducirlos con la ropa que ya tengo o para que me inspiren a la hora de hacer la “lista de la compra”.

Para empezar con las ideas os voy a contar cómo una falda muy económica comprada en una tienda desconocida, me ha dado muchas satisfacciones. Se trata de una falda midi (en mi caso, las faldas más cortas las dejo para el invierno con medias), asimétrica, de vichy blanco y negro (una combinación de colores tan básica que le otorga cierta sobriedad y que hace que admita mil combinaciones) y que tiene un volante que va desde arriba hasta abajo el cual le da muchísima gracia a una falda que, de no ser así resultaría muy sosa.

Pues bien, durante este invierno la he usado para ir a trabajar con camisa blanca, una blazer negra y unos zapatos destalonados con piel, y también me la he puesto, para momentos más informales, con un jersey de cuello vuelto, la biker de cuero negro y unos botines acharolados. En ambos casos, los días de más frío me ponía por encima un abrigo, la moda oversize de este año lo ha facilitado mucho.

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Y ahora que se acerca la primavera, me la voy a poner para ir a trabajar con un jersey de punto de un color muy chulo (como berenjena) y unos mocasines destalonados y para los planes casual con camiseta blanca, cazadora vaquera y zapas también blancas.

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¿Qué os parece el resultado? A mí me parece que la falda ha sido bastante rentable, la verdad.

¡Ánimo! Probad vosotras combinaciones de este estilo, y si queréis que os eche una mano, dejadlo en comentarios y os contestaré encantada.

Hasta ponto,

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¿Me gusta viajar?

Este año el mes de Mayo empieza con un regalo para todas las que trabajamos también fuera de casa. Algunas afortunadas tienen por delante un puente, cuatro días para descansar, desconectar y disfrutar y toda aquella que pueda, aprovechará para hacer una “escapadita” y las que no, pues en otra ocasión será. A disfrutar del día de fiesta.

No conozco a ninguna persona, famosa, no tan famosa o totalmente anónima que no incluya entre sus gustos y aficiones: Viajar. Hasta yo, considero que es una de las cosas que me hacen feliz. Pero con el paso de los años y… de los viajes, he llegado a la conclusión de que lo que realmente me gusta es conocer sitios, principalmente ciudades. ¡Soy de asfalto! No os voy a engañar. Mentiría si dijera que me encanta descubrir paisajes vírgenes, rutas desconocidas, calzarme las botas y andar… No. En mi caso soy de edificios, arquitectura, museos, calles concurridas y tiendas; y ver y observar y aprender de personas con costumbres diferentes a las mías. Dicho esto, lo que menos me gusta es, precisamente viajar. Es decir, que si me preguntaran que superpoder me gustaría tener, no lo dudaría ni un solo segundo: ¡Teletransporte! Ni ser invisible, ni poder leer la mente… nada de eso. Ser capaz de teletransportarme de un sitio a otro. ¿Os imagináis?

Viajar me da muuuucha pereza. Pensar en los aeropuertos, con sus esperas y sus retrasos, en los enlaces, principalmente en no perderlos, en esperar la maleta en la cinta, si es que llega…¡Puff! Hay que hacerlo, sí, pero no me gusta.

A esto hay que añadir, hacer la maleta, si es que la facturas o la “maletita” si es que la llevas contigo… y lo peor de todo, deshacer la maleta, con todo lo que ello “nos” supone. (Aclaración: “nos” = Mujeres)

No sé si a todas os pasará lo mismo, pero a mi cada vez que salgo de casa me surge la misma cuestión: ¿qué meto en la maleta? He de reconocer que en la actualidad, desde que solo tengo que hacer mi maleta, este tema no me supone tanto agobio como hace unos años, pero sin resultarme dramático, sí que me lleva más tiempo del que me gustaría dedicarle. ¡Bendito tiempo…! Qué escaso y por lo tanto, qué ansiado…

Con el transcurso de los años he ido perfeccionando la técnica para hacer maletas. Un paso importante ha sido olvidarme de los “por si acaso” y otro llevar los conjuntos pensados. De esta manera se necesita menos tiempo para hacer la maleta y además evita tener que perderlo a la hora de vestirnos una vez que llegamos a nuestro destino, algo que se agradece mucho, sobre todo cuando se trata de viajes cortos en los que queremos aprovechar hasta el último minuto. Pero no penséis que esto es magia, no, porque ya habremos adelantado el trabajo e invertido ese tiempo previamente, cuando hemos pensado los looks que vamos a meter en nuestra maleta.

Mirar la previsión meteorológica sirve para descartar de antemano ropa que no sea apropiada y centrarse en el resto. Otra cuestión que hay que tener en cuenta es el tipo de viaje, no es lo mismo ir a una ciudad, que hacer una escapada a la playa o a un sitio  de campo. Sobre todo por el calzado, que no sé a vosotras, pero a mí me condiciona mucho. Afortunadamente, ahora tenemos a nuestra disposición las zapatillas deportivas, perdón, sneakers, que es un calzado que se puede adaptar a cualquier tipo de ropa, con lo que nos facilita mucho la tarea y nos ahorra espacio.

Por último, pero no menos importante, a fuerza de intentarlo y de dedicarle mucho esfuerzo, he aprendido a utilizar las prendas de distintas maneras, lo que me aligera mucho el equipaje. Probablemente el hecho de que facturar la maleta se haya encarecido tanto ha tenido algo que ver en esto….

Yo para un viajecito de 3 o 4 días, a casi cualquier destino (salvo alta montaña o algo muy concreto) llevaría, además del pijama y la ropa interior (no, no, no os riais, porque no sería la primera vez que gastamos todas las energías decidiendo que ponernos y se nos olvidan cosas tan básicas), las siguientes prendas:

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Pantalón vaquero blanco, este año me gustan los anchitos, sientan mejor de lo que me esperaba y pese a que sigue siendo una prenda fácil y cómoda, le da un aire más arreglado, por lo que tiene doble utilidad. Algo muy valorado por mí cuando viajo.

Pantalón vaquero azul oscuro, cualquiera valdría.

Falda negra, tubo y largura a la rodilla, sin duda, es la que mejor nos encaja a nosotras. Aunque una falda larga y suelta podría también ser una buena opción.

Camiseta con dibujo, preferiblemente que no tenga un texto muy agresivo…

Jersey de rayas, también puede ser una camiseta, pero el punto le da otro “acabado” al look y por lo tanto versatilidad, que es lo que buscamos.

Camisa vaquera, porque puede usarse como camisa o como sobrecamisa si hace más fresquito.

Blazer blanca, va con todo, abriga y “viste”.

Zapatillas blancas, básicas y fáciles de combinar.

Zapatillas doradas u otras un poco especiales, para dar un puntito divertido y de luz a combinaciones básicas.

Cestito blanco, soy fan total. Muy a mi pesar… me encantan. No se si lo llevaría en pleno invierno, pero de cara a la primavera, ¡sin duda!. No son excesivamente caros y cuando se pase la moda, los podremos usar para la playa.

Riñonera negra (nunca digáis nunca), la que os enseño tiene doble correa, se puede poner también como bandolera, así se le puede dar mas uso.

Una de las combinaciones (preferiblemente la blazer, para que no se arrugue), con unas zapatillas y uno de los bolsos es para llevar puesto, de esta forma el resto nos cabe sin ningún problema en un trolley.

Con estas prendas pueden hacerse por lo menos 6 conjuntos que cubren casi todas las circunstancias: que haga un día luminoso o uno más oscuro, que haga calor o esté mas fresquito, que queramos ir un poco más arregladas…

Con la falda negra podemos montar dos conjuntos, uno más arreglado con la camiseta y la blazer y otro más casual simplemente cambiando la blazer por la camisa vaquera. Podemos dejar la camiseta y llevar la camisa abierta por encima o llevar la camisa cerrada y por dentro de la falda, si no hace excesivo frío.

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Con el pantalón blanco también podemos arreglar dos looks, el mismo de antes (camiseta y la camisa vaquera abierta por encima) pero esta vez con el pantalón y cambiando el bolso y para un día mas caluroso, con el jersey de rayas y las zapatillas doradas. Estas son de lona, más frescas. He elegido unas de lona y otras de piel, para cubrir la posibilidad de lluvia. Soy vasca, el fantasma de la lluvia siempre me acompaña…

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Con el pantalón vaquero y el jersey de rayas, añadiendo la blazer tendríamos otro más y otro si ponemos en vez del jersey la camisa vaquera cerrada. Me gusta el contraste del doble denim con la blazer.

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Como veis, usando prendas básicas se pueden obtener varias combinaciones distintas. Seguro que a vosotras, con vuestra propia ropa, se os ocurren otras diferentes, es solo cuestión de probar. Tened en cuenta que con un pañuelo o un fular (que no ocupan nada en la maleta), también se puede dar un toque muy distinto y nos viene muy bien para muchos momentos. De hecho, nunca viajo sin un fular, aunque sea verano y no lo meto en la maleta, va siempre conmigo, en el bolso. Viene muy bien para tantas cosas… para protegernos de los aires acondicionados, para apoyar la cabeza en los aviones o trenes, para sentarte en un parque a comer el bocadillo o para protegerte del sol en un momento concreto. ¡Pensadlo!

Feliz puente a todas las que os toque y resignación a las que no. Ya habrá otros.

Hasta pronto,

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