Lecturas y lectoras IV

Me ha llamado mucho la atención leer en varias cuentas sobre libros que sigo en IG, que durante este periodo de confinamiento, curiosamente, muchas personas están leyendo menos que nunca, algunas por saturación y otras porque les está costando encontrar la concentración suficiente para ello.

A mí, afortunadamente, no me ha pasado, no sé por qué, quizá porque he mantenido el mismo esquema de siempre, es decir, leer un rato antes de acostarme. El único cambio que he hecho, es que leo durante más tiempo, porque en esta situación tan especial, no tengo que madrugar tanto. Por eso decía en el último post aq que estoy teniendo mucho más tiempo para leer.

En lo que va de año he leído 8 libros. Hoy os voy a hablar un poco de los 6 primeros para que si alguno os atrae, podáis aprovechar para leerlo. Ahí van:

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  1. TODO ESTO TE DARÉ de Dolores Redondo

En el escenario majestuoso de la Ribeira Sacra, Alvaro sufre un accidente que acabará con su vida. Cuando Manuel, su marido, llega a Galicia para recoger su cadáver, descubre que la investigación sobre el caso se ha cerrado con demasiada rapidez. El rechazo de su poderosa familia política, los Muñiz de Dávila, le impulsa a huir, pero le retiene el alegato contra la impunidad que Nogueira, un guardia civil jubilado, esgrime contra la familia de Alvaro, nobles mecidos en sus privilegios, y la sospecha de que esa no es la primera muerte del entorno que se ha enmascarado como accidental. Lucas un sacerdote amigo de la infancia de Alvaro, se une a Manuel y Nogueira en la reconstrucción de la vida secreta de quien creían conocer bien.

La inesperada amistad de estos tres hombre sin ninguna afinidad aparente ayuda a Manuel a navegar entre el amor por quien fue su marido y el tormento de haber vivido de espaldas a la realidad, blindado tras la quimera de su mundo de escritor. Empezará así la búsqueda de la verdad, en un lugar de fuerte creencias y arraigadas costumbres en el que la lógica nunca termina de atar todos los cabos.

Hacía mucho tiempo que no leía una novela de suspense. No me he leído la trilogía del Baztan, de la misma autora, precisamente porque estaba un poco cansada del género. No se por qué empecé a leer esta, pero fue una muy buena decisión. Me ha encantado, una historia bonita, bien narrada y bien terminada a mi entender. Me ha gustado la forma de describir los escenarios, sin resultar aburrido me ha trasladado a Galicia y me ha creado la necesidad que conocer la Ribeira Sacra.

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  1. LAS CINCO PERSONAS QUE ENCONTRARÁS EN EL CIELO de Mitch Albom

Eddie un anciano entrañable es el encargado de mantenimiento de un parque de atracciones situado junto al mar. Ha pasado toda su vida en este lugar a excepción de su participación en la Segunda Guerra Mundial, un episodio que lo marcó profundamente. El día que cumple ochenta y tres años muere mientras intenta salvar a una niña que está a punto de sufrir un accidente en una atracción de feria.

Es entonces cuando Eddie llega al cielo, un lugar donde, por fin, puede entender el sentido de su existencia en la Tierra. Allí se encuentra con las cinco personas en cuyas vidas ha influido sin el saberlo, cambiando su curso para siempre. Una a una le aportan una comprensión más profunda de cómo sus historias están unidas a la de él.

Leí esta novela porque me encantó “MARTES CON MI VIEJO PROFESOR” aquí. También me ha gustado mucho, aunque no tanto como la otra. A pesar de tener un toque de fantasía -llegada al cielo y vida después de la muerte- lo cierto es que trata temas muy terrenales y te tocan. Se ha publicado recientemente la continuación “La próxima persona que encontrarás en el cielo”…

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  1. AVENTURAS Y DESVENTURAS DEL CHICO CENTELLA de Bill Bryson

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos entró en una época de bonanza como no se había visto antes. El estilo de vida americano se desplegó envuelto en un aura de felicidad e ingenuidad: se podían comprar hasta cien marcas de helado, la mayoría de los hogares disponían de televisores para ver a Roy Rogers, el vaquero cantarín, y la gente creía que tomarse dos o tres cócteles antes de cenar era saludable. En una de esas prósperas ciudades estadounidenses nació Bill Bryson, que narra en estas fantásticas memorias sus primeros años repletos de entrañables e hilarantes estampas costumbristas, al mismo tiempo que disecciona la sociedad de todo un país.

Unas memorias escritas por un adulto pero desde la perspetiva del niño que fue. Divertidas e ilustrativas. Me venían continuamente a la memoria esas familias americanas que aparecían en las series juveniles de nuestra época, esas que estaban dobladas al castellano en origen ¿os acordáis?

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  1. LAS INCORRECTAS de Paloma Bravo

Eva, Cristina, Candela e Inma no tienen nada en común (ni el estado civil, ni la profesión, ni la actitud ante la vida), pero se encuentran en el club de fútbol de sus hijos. Allí inmersas cada una en su propia crisis vital, descubrirán que la amistad lo puede todo. Vitales, solidarias, disparatadas, rebeldes, sinceras y peleonas, se apoyarán y ayudarán como solo saben hacerlo las amigas, y conseguirán gestionar juntas sus complicados entornos: una niña psicópata, una bloguera furiosa, una hermana narcisista, un ex maravilloso y otro en la cárcel, una película que les cambiará la vida… Eso sí, su forma de hacer las cosas, muy suya, desde el humor y una irremediable incorrección.

Me esperaba más… Decidí leerla porque he leído artículos de la autora que me han gustado mucho, pero la novela no me ha llenado. Me gusta la idea, pero la historia me ha resultado poco creíble.

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  1. LA TRENZA del Laetitia Colombani

India- En Badlapur, la intocable Smita sobrevive recogiendo los excrementos de una casta superior. Resignada a su condición, está decidida en cambio a que su hija no siga sus pasos: la pequeña irá a la escuela y su vida será digna y provechosa, aunque para ello Smita tenga que desafiar las normas establecidas.

Italia- A Giulia le encanta trabajar en el taller familiar, el último de Palermo que confecciona pelucas con pelo auténtico. Hubiera podido ir a la universidad, pero dejó el instituto con dieciséis años para iniciarse en los secretos de este oficio. Cuando su padre sufre un accidente y Giulia descubre que el negocio está al borde de la quiebra, afronta la adversidad con valentía y determinación.

Canadá- Sarah es una abogada de éxito en Montreal que lo ha sacrificado todo por su carrera: dos matrimonios fallidos y tres hijos a los que no ha visto crecer. Un día, tras caer desmayada en el transcurso de un juicio, Sarah comprende que su vida ha dado un vuelco y que deberá escoger lo que de verdad importa.

Smita, Giulia y Sarah no se conocen, pero tienen en común el empuje y un tesón de las mujeres que rechazan lo que el destino les ha reservado y se rebelan contra las circunstancias que las oprimen. Como hilos invisibles, sus caminos se entrelazan, formando una trenza que simboliza la voluntad inquebrantable de vivir con esperanza e ilusión.

Realmente una delicia de libro. Con que maestría va entrelazando las historias lejanas de tres mujeres tan distintas y con circunstancias tan diferentes, de forma que llegan a confluir sin darte cuenta. Lo compré hace bastante tiempo pero me daba pereza empezarlo, pensaba que iba a ser muy denso. Qué equivocada estaba. Al final me dio  mucha pena que se terminara. ¡Me supo a poco!

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  1. LA SOCIEDAD LITERARIA DEL PASTEL DE PIEL DE PATATA DE GUERSNEY de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows.

En un Londres devastado por las bombas y que empieza a recuperarse de las terribles heridas de la Segunda Guerra Mundial, Juliet Ashton, una joven escritora en busca de inspiración novelesca, recibe la carta de un desconocido llamado Dawsey Adams. El hombre, que vive en la isla de Guersney, un pequeño enclave en el canal de la Mancha, está leyendo un libro de Charles Lamb que ha pertenecido con anterioridad a Juliet. ¿Cómo ha llegado ese ejemplar hasta Guersney? ¿Por qué Dawsey decide ponerse en contacto con Juliet? Dawsey es miembro del club de lectura La Sociedad Literaria del Pastel de Piel de Patata de Guersney, creado en circunstancias difíciles durante la contienda, una rareza en tiempos de la ocupación alemana. Cuando Juliet acepta la invitación de estos excéntricos lectores para visitar Guersney, entiende que ellos y su increíble sociedad literaria serán los personajes de su nueva novela, y su vida dará un vuelco para siempre.

Sin duda, el que más me ha gustado de todos, de hecho, pasa a convertirse en uno de mis libros favoritos, con diferencia. Lo tiene todo. ¡Está escrito en forma de cartas! Y de esa manera, simplemente leyendo lo que se van contando unos a otros, eres capaz de entender esta maravillosa historia. Es dulce, es entrañable, es divertido a pesar de la dureza de la ocupación alemana en las islas del canal, que he de reconocer que me ha conmovido.

También es muy especial la historia de la autora (Mary Ann Shaffer), una norteamericana que fue editora, bibliotecaria y librera. Durante un viaje a Londres en 1976 conoció la isla de Guersney y en un arrebato decidió volar hasta allí, quedando atrapada dos días en la isla debido a una espesa niebla. Esta fue su única novela, y fue publicada poco después de su fallecimiento. Su sobrina (Annie Barrows), ayudó a terminar el libro.

Cometí el error de ver la película… ¡No aprendo! Es muy bonita, me encantó la ambientación, el casting, el vestuario, las localizaciones…. pero no le hace justicia, demasiadas licencias, llegan incluso a modificar la historia y la relación de los personajes. Eso no me gustó.

Bueno, hasta aquí he llegado, espero que alguno os atraiga y si tenéis tiempo y ganas aprovechéis para leer. ¡Cuidaos mucho!

Hasta pronto

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Rutinas

Comentaba el otro día aquí, lo poco o más bien nada que me gustan las rutinas, pues bien, parece que el mundo conspira contra mí, porque vivo rodeada de la palabra rutina. Por todas partes, en la televisión, en muchos blogs, otros tantos podcasts, en Instagram… nos hablan de rutinas: rutinas beauty, rutinas de ejercicios, rutinas de mañana y de noche ¡hay hasta tutoriales sobre distintas rutinas! Lo que me llama la atención es que ya nadie le da el sentido negativo que a mí me sugiere esta palabra y que es por cierto, el que hasta hace muy poco tiempo casi todos le dábamos. Curiosamente hasta hace no mucho nos daban consejos precisamente, para vencer la rutina, para salir de la rutina, para que la rutina no nos asfixiara… Ya sé que esto únicamente se debe a las modas en el uso del lenguaje, cuando nos da por utilizar una palabra o una expresión concreta parece que las demás desaparecen: ahora todo es “brutal”, nada empieza, todo “arranca” y “las rutinas” no tienen nada que ver con la rutina. Yo preferiría utilizar otra palabra, ritual por ejemplo, pero bueno, eso es cosa mía.

Se me ha ocurrido hablar sobre este tema porque una tarde, de las muchas que paso en las librerías, me encontré con un libro cuyo título llamó mi atención, no solo por lo largo que es, sino por impactante: “Tu segunda vida empieza cuando descubres que solo tienes una”. ¿Que os parece?

En la contraportada pude leer: ¿Cansada de la rutina? ¿Necesitas dar cuerda a tu vida? ¡Con este manual de coaching camuflado de novela romperás cualquier amago de insatisfacción!  No hay duda de que la autora tiene la misma idea de la rutina que yo. También aparecía este diálogo:                 

                  – Probablemente padece usted de algún tipo de rutinitis aguda

                  – ¿De qué?

                  – Rutinitis aguda. Es una afección del alma que afecta cada vez a más gente en el mundo, sobre todo en Occidente.  Los síntomas son casi siempre los mismos: disminución de la motivación, melancolía crónica, pérdida de referencias y de sentido, dificultad para ser feliz pese a la abundancia de bienes materiales, desencanto, lasitud…

                  – Pero …¿cómo sabe usted todo eso?

                  – Porque soy rutinólogo.

                  – ¿Rutino… qué?

Está escrita por Raphaëlle Giordano, una especialista en coaching, cohesión laboral, y gestión del estrés.

Si pensáis que compré el libro, habéis acertado y si estoy escribiendo esto es porque lo he leído. No puedo decir que sea una obra maestra de la literatura, ni mucho menos, ya nos avisan de que es un manual de coaching camuflado de novela, pero me ha gustado. A grandes rasgos la novela nos revela que se puede cambiar la vida que llevamos por una vida que nos haga más feliz y en su desarrollo explica los pasos que hay que ir dando para cambiar los aspectos de ella que consideramos negativos.

No os voy a negar que me vi reflejada en algunos aspectos de la novela, me imagino que todas hemos tenido momentos de agobio, de duda, de desesperación, de sentirse incomprendida…y de culpar o responsabilizar a los demás de ello.  Que sea posible cambiar nuestra vida no significa que sea sencillo, que más nos gustaría que poder deshacernos de todas las cosas impuestas y tener medios para llevarlo a cabo, pero aunque no sea posible dar a nuestra vida un cambio radical de un día para otro, sí que podemos hacerlo poco a poco, intentando pequeños cambios que nos hagan algo más felices cada día.

Aunque todos sabemos que en las novelas las cosas siempre son más fáciles que en la vida real y a pesar de que no espero que se produzca un vuelco en mi vida, creo que voy a intentar aplicar algunos de los consejos del rutinólogo.

En el libro nos animan a “hacer el gato”, se trata sencillamente de concedernos un ratito solo para nosotras, un momento plácido y tranquilo, bien anclado en el instante presente, en el que podemos estirarnos, bostezar, dejar que nuestras ideas floten, simplemente concentrarnos en el ser en vez de en el hacer. También nos recomiendan tener “instantes de gratitud”, es decir, agradecer todos los días lo que la jornada nos ha traído de positivo, desde el detalle más insignificante como el placer de una taza de café al levantarnos hasta la dicha más grande. Cuenta que viene muy bien tener una play list de power songs, esas canciones que cada una sabemos que nos suben la moral y nos dan energía. El pensamiento y la actitud positivas son dos aspectos importantes, permanecer erguido, sonreír, no poner mala cara, ver la parte positiva en vez de quejarse y desanimarse, enunciar las frases en modo positivo. Para luchar contra la tendencia a la negatividad, nos invitan a tener una hucha en la que meter un euro cada vez que nos dejemos llevar por un pensamiento negativo o estéril.

En el poco tiempo que ha pasado desde que leí el libro, todos los días hago el gato, os confieso que los primeros días me costaba mantenerme despierta, me ocurría lo mismo que en esos minutos que se dedican al final de las clases de yoga o Pilates a relajarse, pero ahora, los disfruto conscientemente. Actitudes negativas nunca he tenido, por lo menos no soy consciente de haberlas tenido, sigo dando las gracias todos los días por esas pequeñas cosas que a veces nos alegran, ya os hablé de ello aquí, y estoy trabajando en una power list…. ¡Por intentarlo, que no quede! Dentro de un tiempo os cuento.

Hasta pronto,

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Mujeres que compran flores

Hace bastante tiempo una amiga me recomendó esta novela, me dijo que le había gustado mucho, aunque me confesó que la había “revuelto” un poco por dentro. Yo ya había leído la sinopsis y era candidata a venirse a casa conmigo, así que tras su recomendación la apunté en mi lista de pendientes.

Un poco antes del verano encontré por casualidad una edición de bolsillo muy bonita y me la compré con la intención de leerla en la playa. Como ya os he comentado alguna vez, últimamente parece que me persiguen las casualidades y antes de que pudiera leerla hablaron de esta novela en una cuenta que sigo en Instagram en la que comentan libros. Los comentarios sobre ella eran dispares, como sobre casi todos los libros, había opiniones buenas y otras no tan buenas. A mí me ha gustado y también me ha revuelto un poco, no sé si habrá sido porque estaba un poco predispuesta o quizá porque me esperaba otro tipo de historia. Cuando vi el libro, con esa ilustración tan bonita en la portada y leí la sinopsis (*) pensé que sería un poco más ligera, no creí que fuera a profundizar tanto en las relaciones y claro, siempre que se incide en ellas, sobre todo si se trata de relaciones de pareja, te remueven. Y digo que te remueven porque te hacen pensar, ver cuál es tu situación, si se parece a alguna de las que estás viendo y a veces intentas verte reflejada en alguna de esas mujeres y otras sin embargo te esfuerzas en no parecerte a ninguna de ellas o te intentas convencer de que no te pareces en absoluto. En cualquier caso, te invita a analizarte y eso, nunca viene mal, muy al contrario, creo que nos hace bien, incluso me atrevería a decir, que muy bien.

Además del análisis al que me acabo de referir, de esta novela me han gustado varias cosas. Me ha encantado la ambientación de la misma. Se desarrolla en el madrileño barrio de las letras, mi preferido, por sus calles estrechas y concurridas, por las plazas llenas de terrazas, y además se desarrolla en verano, con referencias a sus cálidas noches. Me ha gustado también mucho la amistad que nace entre mujeres tan distintas, una amistad muy libre ¡que envidia me daban esas reuniones improvisadas tomando un vinito en El Jardín del Ángel! (por cierto, el lugar existe) Desahogándose y dándose apoyo entre ellas, a pesar de sus diferencias, valiéndose de sus experiencias para dar consejos y ánimo. Y especialmente, me ha gustado y sorprendido, el lenguaje de las flores. Me gustan mucho las flores, suelo comprarlas de vez en cuando, me gusta el plan de salir el domingo a comprar un ramo, que huela a flores cuando llegas a casa…. Tengo mis flores favoritas, como todo el mundo, supongo, pero nunca me había interesado especialmente por el significado de cada una de ellas, me sonaba lo de las rosas rojas y las rosas blancas, pero poco más. Cuando terminé el libro, me picó la curiosidad y me puse a leer sobre este tema. Me pareció fascinante, curiosamente tiene un nombre, se llama floriografía y hay varios libros y artículos muy interesantes sobre el tema.

¿Sabíais que en la época victoriana se comunicaban a través de los ramos de flores que se enviaban? Yo no, pero parece que era una forma de burlar las estrictas normas morales que imperaban entonces, y he leído algunos ejemplos curiosísimos: si se recibían del revés, querían decir lo contrario del significado real y según con qué mano se entregaran respondían con un sí (derecha) o con un no (izquierda) a una pregunta, mezclando distintos tipos de flores o distintos colores, transmitían verdaderos mensajes. ¡Qué arte!

Hoy en día, a cada personalidad se le asigna una flor que la describe, en mi caso han acertado de pleno (es el tulipán, por cierto) y cada flor significa una cosa, incluso la misma flor, significa cosas diferentes o alude a distintos aspectos según su color. Un ramo de Dalias, por ejemplo, es símbolo de gratitud, la Margarita es el símbolo de la pureza y de la inocencia, la Amapola representa la tranquilidad, la Peonía simboliza la timidez, dicen que es la forma que tienen las personas muy tímidas de decir te quiero, con un ramo de peonías rosas, la popular Rosa, si es blanca significa pureza, en cambio si es roja, significa amor, pasión y si es rosa, es símbolo del primer amor. Curioso ¿verdad? Ahora cuando tenga que regalar flores, no sé si hacerlo en función de los gustos o de los significados, porque me encantan los tulipanes, especialmente los blancos y he descubierto que significan amor extremo… ¡Habrá que pensarlo!

Después de estos descubrimientos, seguiré comprando flores, pero en maceta, me da tanta pena que se sequen… y como van a ser para mí, seguiré comprando tulipanes blancos (porque me quiero mucho) y calas amarillas, que significan escucha tu corazón aunque, sobre esta flor no hay unanimidad en lo referente a su significado, también hay que decirlo. En cualquier caso, signifiquen lo que signifiquen, son preciosas y nos alegran la vida ¿que más se puede pedir?

Hasta pronto,

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(*) Después del fallecimiento de su pareja, Marina se da cuenta de que está totalmente perdida: había ocupado el asiento del copiloto durante demasiado tiempo. Buscando empezar de cero acepta un trabajo provisional en una curiosa floristería llamada El Jardín del Ángel. Allí conocerá a otras mujeres muy diferentes entre sí, pero que, como ella, se encuentran en una encrucijada vital con respecto a su trabajo, sus amantes, sus deseos o su familia. De la relación entre ellas y Olivia, la excéntrica y sabia dueña del local, surgirá una estrecha amistad de la que dependerá el nuevo rumbo que tomarán sus vidas.

Lecturas y lectoras III

Se acerca el verano, las tardes son muy largas y el tiempo invita a la lectura… Por eso el post de hoy va de libros, de libros que leí hace tiempo pero que siguen teniendo un huequito en mi corazón.

La primera novela de la que os quiero hablar es “El lector” de Bernhard Schlink. Es posible que os suene porque se hizo una película basada en la novela, protagonizada por Kate Winslet. No se puede decir que sea nueva, yo la leí en 1998, pero guardo muy buen recuerdo de ella, y siempre que la he prestado o recomendado, ha gustado. Qué mejor resumen que el que aparece en la contraportada del libro y que me animó a comprarla:

“Su ritual amoroso tenía un orden inalterable: lectura en voz alta, ducha, amor y luego holgazanear en la cama hasta que ella se dormía. Michael tenía quince años y recordaría siempre aquellas tardes como las más felices de su vida. Quizá por ello no reparó en el significado de la extraña condición que Hanna había puesto desde el principio de su relación: antes incluso del primer abrazo, él debía leer en voz alta para ella. Es así como Goethe, Dickens, Schiller y Tolstoi se convirtieron en el preludio de sus juegos amorosos hasta que un día Hanna desapareció de la ciudad sin dejar rastro.

 Siete años más tarde, Michael, estudiante de Derecho que asiste como oyente a un juicio por crímenes nazis, observa con horror la silueta inmóvil de su antigua amante sentada en el banquillo de las acusadas. Hanna debe responder por sus crímenes y aunque hay varias inculpadas, sólo ella parece indiferente al veredicto. Cuando en un momento del juicio Michael descubre que no es el único al que le pedía leer en voz alta, el dolor se abre paso entre las grietas de su memoria y emerge el pasado con luminosa claridad la clave que le permite descifrar el enigma de Hanna, el secreto que ella ha guardado durante toda su vida y que no es otro que el drama de su profunda indefensión.

A partir de ese momento, Michael se debate entre el amor por Hanna y la necesidad de justicia: quiere comprender y condenar, decubriendo que en la comprensión resulta difícil condenar y que la condena no deja paso a la comprensión”.

“El hombre que olvidó a su mujer” de John O’Farrell, no tiene nada que ver con el anterior. Se trata de una historia actual, de arrepentimientos y de segundas oportunidades, de cómo no apreciar lo que se tiene provoca que se pierda y pueda no recuperarse… Os dejo el resumen:

“No hay mayor ironía que un hombre que estudia el pasado olvide el suyo propio. Eso es precisamente lo que le ha sucedido a Vaughan, un profesor de historia londinense entrado en la cuarentena que un día se encuentra de pronto en un vagón de metro sin acordarse absolutamente de nada. Su nombre, el lugar donde vive, sus amigos, su familia…todo ha quedado relegado a un desconcertante olvido que lo lleva a deambular por la calle pidiendo ayuda y, finalmente, a una cama de hospital, con una solitaria etiqueta en la muñeca con la indicación HOMBRE BLANCO DESCONOCIDO.

 Pero no está todo perdido: gracias a la insistencia de su compañero de habitación, Vaugham logra contactar con su amigo Gary, quien se encargará de ponerlo al día. Así Vaugham sabrá que no solo tiene un nombre, sino también un trabajo, y una casa, y dos hijos y una esposa llamada Madaleine. Averiguará también que su matrimonio era un desastre con fecha de caducidad, un divorcio que le resultará francamente difícil de entender cuando descubra que su esposa es sin duda la mujer más atractiva que jamás haya visto. Puede que el destino haya elegido para Vaughan una insólita manera de concederle una segunda oportunidad, de permitirle rehacer una vida que parece haber echado por la borda y salvar un matrimonio que, a primera vista, jamás debería haberse ido al garete. Pero el camino no será nada fácil, y para recorrerlo tal vez deba renunciar al que parece responsable de todo aquel desaguisado: su viejo yo”

Dura y tierna a la vez, me gustó mucho. Me parece una historia que nos hace reflexionar sobre cómo nuestras decisiones pueden llevarnos a situaciones que no queremos, y cómo a veces resulta más fácil dejarse llevar que luchar para cambiarlas.

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Por último, os quiero hablar de “El curioso incidente del perro a media noche” de Mark Haddon. El resumen del libro es el siguiente: “Christopher Boone tiene quince años y padece una extraña forma de autismo. No permite que nadie le toque, emplea el vocabulario de un modo singular y para el no existe un punto medio entre lo que le atrae y lo que le repele. Christopher vive con su padre, un enigmático individuo recién enviudado que le ha educado en el rechazo a la mentira. Una mañana, el niño descubre el cadáver de un perro en su calle y, tras ser interrogado por la policía como presunto asesino y quedar en libertad, resuelve que será él mismo quien investigue el caso. Después de algunas pesquisas, Christopher empieza a sospechar que su padre le oculta algo, y a medida que su investigación avance la realidad irá desprendiendo de su complaciente manto infantil hasta descubrirse como algo parecido a una ominosa ecuación matemática que sitúa al progenitor demasiado cerca del enigma. Entre las cartas precintadas que su padre guarda en un cajón de su dormitorio y las consignas involuntarias de una viejecita vecina de Christopher, el niño irá atando los cabos de un caso desconcertante. Una vez desentrañado el embuste, el mundo de Christopher se tambalea: no tiene edad para emanciparse pero las revelaciones de su investigación le impiden seguir viviendo bajo el mismo techo que su padre. El niño emprenderá entonces una conmovedora odisea que le llevará hasta los brazos de una persona que había sido borrada de su mapa emocional.”

Una conmovedora historia que nos da otra visión del mundo, contada desde el punto del vista de un niño muy peculiar, su relación con su padre, su vecina y su profesora,  una lección sobre la amistad, la tolerancia y la superación. Tiene momentos muy divertidos y otros…no tanto. Para quien no le guste mucho leer, hay obra de teatro basada en esta novela.

Espero que alguno de estos libros os resulte interesante, ya me contaréis.

Hasta pronto,

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Cartas memorables

Me declaro fan absoluta de las nuevas tecnologías. Han llegado tarde a mí, pero ahora sería difícil entender mi día a día sin recurrir al whatsapp o al correo electrónico. Me encanta su inmediatez y lo poco o nada que cuesta usarlo. No tienes la preocupación de molestar con una llamada inoportuna, es el destinatario quien tiene la facultad de gestionar cuándo y cómo e incluso decidir si recibe las comunicaciones que le mandamos. Tampoco necesitas esperar a disponer del tiempo necesario para telefonear. Nos permite estar en contacto con personas de cualquier parte del mundo al momento y hasta nos da la posibilidad de sustituir las palabras por fotos: ¿Por dónde andas? Foto. Y ¿qué me decís de los mensajes de voz? ¡No es necesario ni saber escribir!

Ahora bien, las mismas cosas que tienen de bueno, también las tienen de malo. ¡Como casi todo, me imagino! Ya no hablamos tanto, los mensajes han sustituido a las llamadas y nos hemos acostumbrado a expresar nuestras emociones por medio de emoticonos. Tanto es así, que cuando escribo los posts… ¡los echo en falta!

Sin embargo, lo que de verdad me entristece, es que ya no escribimos cartas. Ya sé que mucho antes de la “era whatsapp” la costumbre de mandar cartas estaba de capa caída, el teléfono inició su declive, pero se seguía manteniendo la costumbre de escribir y mandar cartas en momentos concretos. Hoy por hoy, con el whatsapp y el correo electrónico… han sido desterradas definitivamente.

El cambio ha sido muy rápido, o al menos así me lo parece. ¡No somos tan mayores y hemos escrito y recibido cartas! Escribíamos a los amigos que habíamos hecho durante el verano, a nuestros padres cuando nos íbamos de campamento, mandábamos postales de los sitios que visitábamos y en Navidad. Ahora, en Diciembre se nos llena el teléfono de renos bailando Jingle Bells. ¡Qué horror! Sobre todo cuando te llegan a través de grupos, todo en serie, sin diferenciar entre los destinatarios. Mandar un whatsapp no exige la dedicación de elegir con mimo la postal, ni de pensar lo que vas a escribir en cada una, pero resulta mucho más impersonal. Ya sé que a muchas personas esto les ha librado de algo que les resultaba un engorro, pero yo, que soy una romántica y me encanta escribir cartas, lo echo de menos.

Mi mejor amiga de aquella época se fue a estudiar COU a Canadá. Durante ese año nuestra única comunicación fue a través de cartas, las llamadas internacionales (conferencias se llamaban ¿os acordáis?) no estaban al alcance de todo el mundo. Nos escribíamos todas las semanas, en aquellas cartas larguísimas nos poníamos al día de las cosas de clase, de los chicos que nos gustaban, yo le mandaba las noticias del Athletic que recortaba del periódico y ella preciosas fotos de Ontario. Siempre miraba el buzón con ilusión y era motivo de alegría encontrarme en él uno de esos sobres con el borde azul y rojo y el sello de “Air Mail”.

Ya de adulta, he seguido enviando postales en Navidad y he mandado cartas a mis hijas cuando se iban de campamento, aún tienen algunas guardadas. Me pasaba horas pensando qué ponerles más allá de las novedades que, como os imagináis, eran pocas en el corto tiempo que duraba su ausencia. Les mandaba textos en clave, pequeños crucigramas… ¡seguro que me lo pasaba yo mejor que ellas!

Gustos aparte, creo además, que escribir cartas es muy bueno. Por un lado, porque nos hace pensar lo que queremos decir, podemos reflexionar y corregir, algo que resulta imposible hacer mientras hablamos, pero sobre todo, porque nos obliga a buscar las palabras y la forma de expresar por escrito nuestros sentimientos. Estoy segura de que este esfuerzo redunda en la mejora del lenguaje y de la expresión escrita.

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Sobre cartas precisamente, tengo un libro muy bonito. Se llama “Cartas memorables” y llegó a mis manos, no sin dificultad (hubo que pedirlo), después de verlo recomendado en alguna revista. Está escrito por Shaun Usher y publicado por Salamandra. En el reverso del mismo se puede leer lo siguiente: “Desde la desgarradora carta que escribe Virginia Wolf antes de suicidarse, hasta la receta de ‘scones’ que la reina Isabel II le envía al presidente Eisenhower; del primer uso del acrónimo O.M.G. del que se tiene constancia en una carta a Winston Churchill al llamamiento a mantener la paz que Gandhi dirige a Hitler; y de la bonita carta en la que Iggy Pop da consejos a una atribulada y joven admiradora a la extraordinaria misiva en la que Leonardo Da Vinci solicita empleo, Cartas Memorables es una celebración del poder de la correspondencia escrita que capta el humor, la seriedad, la tristeza y la genialidad que forman parte de nuestra vida”.

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Cartas de Da Vinci y Bethoven

No creo que haga falta que os diga que me encanta. De muchas de ellas se puede ver el original y todas están traducidas. No se si será porque me atrae mucho el pasado (de hecho, más que el futuro) o porque tengo un puntito voyeur… pero ver esas cartas, muchas de ellas escritas a mano, ver la letra de personas a las que admiro tanto, me resulta muy emocionante. Hay una preciosa que Katherine Hepburn (¡mi actriz favorita de todos los tiempos!) escribe a Spencer Tracy (el amor de su vida) una vez fallecido, que pone los pelos de punta.

Ciertamente, es una pena que ya no escribamos cartas… Me conformaré con escribir posts, que al final, son un poco lo mismo.

Hasta pronto,

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Mafalda

¿Os acordáis de Mafalda? ¿No os pasa como a mí, que os traslada automáticamente a vuestra adolescencia? Muchos de los buenos recuerdos de mi adolescencia y de mi juventud estás unidos a los libritos de Mafalda. ¿Os acordáis de ellos? Eran 10, creo recordar, pequeñitos, apaisados, cada uno de un color… Nos pasamos prácticamente todo BUP (sí, sí, he dicho BUP, porque se ha puesto muy de moda el Yo Fui A EGB, (*) pero nadie parece acordarse de que despés nos tocó BUP y COU…) intercambiándonos esos libritos, y creo recordar que era uno de los regalos que nos solíamos hacer en los cumpleaños. Mucho más tarde, conseguí una recopilación que hizo Círculo de Lectores, titulado TODO MAFALDA, en el que aparecía todo lo publicado sobre ella, tanto en libros como en campañas…etc.

Mafalda es una niña despierta, pesimista, rebelde y muy revolucionaria. Tiene unas preocupaciones muy de adulto responsable, por encima incluso que de las de sus propios padres, que vivían centrados en sacar la familia adelante. Pero sobre todo, tiene unas ideas muy avanzadas sobre el papel de la mujer en la sociedad, sobre la maternidad, los derechos humanos y sobre los que dirigen el mundo. ¡Qué personaje más entrañable! Visto ahora, me llama la atención que no resultara más atractiva a los adultos de aquella época, yo por lo menos, la recuerdo más popular entre los jóvenes… Y sin embargo ahora, pocos son los jóvenes que la conocen.

Como habéis podido deducir, soy fan absoluta de este personaje, pero no solo de Mafalda, aunque ella era el personaje central, no puedo olvidarme del resto de sus amigos. Todos eran diferentes, cada uno tenía sus características bien definidas y retrataba un grupo social determinado: un capitalista (Manolito), una comunista (Libertad), una conservadora (Susanita), el despistado y perezoso (Felipe), el soñador (Miguelito) … Sus conversaciones eran muy divertidas, sobre todo en las que aparece Guille, su hermano.

Me imagino que os preguntaréis cómo es que me ha dado ahora este ataque de nostalgia y que a cuento de qué os hablo hoy de Mafalda, ¿a que sí?

Pues todo esto se debe a que el otro día leí en una revista, que en 2019 Mafalda cumple 55 años. ¡Esta noticia me dejó en shock! ¿Ya? ¿55 años? Ya veis, otra vez a vueltas con la velocidad a la que pasa el tiempo ¡es que no avanzo…!

El caso es que es una de las nuestras: “Autumn of 64”

Así que me puse a mirar el libro que os he dicho antes para recordar algunas “tiras”. Hacía mucho que no lo leía y me di cuenta de lo actual que resulta todavía su discurso. Excepto temas muy concretos de la época como la Guerra de Vietnam y algún otro, el resto siguen siendo de plena actualidad. Llama la atención también lo moderna que era Mafalda, y su posicionamiento en determinados temas, más aún teniendo en cuenta que le daba vida un hombre.

A este respecto, la otra noticia que leí, es que había bastantes referencias a Mafalda en las manifestaciones del 8 de Marzo del año pasado, tanto es así que, apoyándose en esto, la editorial LUMEN ha publicado un libro titulado Mafalda: Femenino singular, que reúne las mejores viñetas de Mafalda sobre el papel de la mujer así como sobre el machismo de su entorno…

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El propio Quino (su autor y premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2014) declaró a este respecto: “Siempre he acompañado las causas de los derechos humanos en general y la de los derechos de las mujeres en particular, a quienes deseo suerte en sus reivindicaciones”. Sin embargo, en una época en la que parece que cada colectivo trata de “apropiarse” de personajes y discursos, no quisiera vincular a Mafalda únicamente con la lucha por los derechos de las mujeres y con el papel de estas en la sociedad. Sus ideas y posicionamientos van mucho más allá y opina, y además nos hace reflexionar, que me parece lo más importante, sobre otros temas como la educación, la diferencia de clases, los derechos de los niños, los derechos humanos, la paz y la inacción de los gobiernos entre otros, que también creo que merecen ser destacados.

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Pensando en estas cosas, me doy cuenta que entre las cosas que no nos dijimos se me quedó también hablar sobre la mujer y sobre el últimamente tan traído y llevado feminismo. Pensaba haberlo hecho el 8 de Marzo, pero no me dio tiempo. De todos modos, como creo que son asuntos que no podemos permitir que se circunscriban a un solo día, espero dedica un post a estos temas.

Mientras tanto, aquí os dejo una imagen de Mafalda con su pluma…¡Cómo yo!

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Hasta pronto,

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(*) Yo Fui A EGB. Os recomiendo estos libros, escritos por dos chicos de Bilbao y publicados por Plaza & Janés en los que se recogen cantidad de recuerdos de nuestra infancia, desde los muebles a la ropa, pasando por los juguetes, las series de televisión y las txutxes… “Chimos es, es un agujero, rodeado de buen caramelo…” Yo me acordaba de muchas de ellas pero otras fui recordándolas al verlas y fue una gran sorpresa. Resumiendo, un divertidísimo viaje en el tiempo. ¡Muy recomendable!

Las cosas que no nos dijimos…

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me asomé por aquí, y… ¡cuánto lo he echado de menos! Muchas y variadas han sido las causas que han provocado esta ausencia, afortunadamente ninguna grave, pero todas, de una manera o de otra, me han ocupado el escaso tiempo libre de que dispongo y me han quitado la calma que requiero para poder escribir.

Solucionado todo, por lo menos de momento, retomo mi actividad, con la misma ilusión que el primer día.

Para este nuevo post, he recurrido al título de uno de mis libros favoritos: “Las cosas que no nos dijimos” de Marc Levy. Es una historia, con un punto de fantasía, como casi todas las que escribe este autor, pero llena de amor y de ternura, ambas cosas muy necesarias en estos tiempos.

Me vino a la cabeza esta frase cuando empecé a escribir y me di cuenta de todas las cosas que habían pasado durante este tiempo y que no había podido compartir con vosotras. Cosas como la Navidad, por ejemplo, no he tenido ocasión de hablar de ella, ¡con lo que a mí me gusta la Navidad!

No siempre ha sido así, lo reconozco, pero hoy en día, es la época del año que más me gusta y probablemente la que más disfruto.

Casi todo el mundo tiene una relación cambiante con la Navidad, todos sufrimos una evolución que partiendo de la ilusión desbordante de la infancia, pasa por la indiferencia en la adolescencia, por la vuelta a la ilusión cuando hay niños alrededor y termina, de nuevo con la indiferencia e incluso con el rechazo cuando nos hacemos mayores y la familia se va disgregando o van faltando seres queridos.

Yo he pasado por las tres primeras fases, pero… ahí me he quedado. Me reenganché cuando nació mi primera hija y ahí sigo. Han pasado los años (¡muuuuchos años, por cierto!) y continuo encantada con la Navidad y feliz todos los Diciembres.

Muchas veces me he preguntado por qué y he llegado a la conclusión de que es porque durante ese periodo del año se hacen dos de las cosas que más me gustan: decorar y regalar.

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Me vuelvo loca (¡literal y metafóricamente!), ya desde Noviembre empiezo a pensar cómo voy a decorar el árbol y qué “aire” le voy a dar a la casa, y a partir de ahí pienso cómo poner la mesa para las cenas, qué detalle voy a tener con los invitados o lo que voy a llevar cuando yo sea la invitada. Después de esto empiezo a recorrerme todas las tiendas, puestos y bazares que conozco en busca de adornos y materiales para hacer los adornos o los detallitos para poner en la mesa…

Me encanta todo el proceso: pensarlo, hacerlo, entregarlo. Me entretiene y me ayuda a poder dar rienda suelta a la creatividad de una forma en la que no puedo hacerlo en mi día a día.

Se que hay muchos detractores de la Navidad, critican el consumismo, el derroche… No les falta razón, se cometen muchos excesos en esa época del año, pero también es cierto que nadie nos obliga a ello. Puede hacerse todo con mesura, echando mano de la imaginación y centrándonos en el lado humano y afectivo.

Yo dedico mucho más tiempo que dinero, procuro que las cosas tengan más valor sentimental que económico. No hace falta gastar mucho para hacer un regalo, pero sí hace falta pensar. No necesito ni muchas cosas, ni cosas caras para que mi Navidad sea feliz, yo baso mi felicidad y mi disfrute en pequeñas cosas, buena compañía, muchas risas, detalles …y bueno, también bastante chocolate. ¡Lo confieso!

De todo esto me hubiera gustado hablaros y enseñaros fotos… Lo dejo para la próxima Navidad.

Otra cosa que tampoco hemos podido comentar es el inicio de 2019: Año nuevo …. ¿vida nueva?

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Cada comienzo de año nos enfrentamos a la misma cuestión: los propósitos para el nuevo año. Y cada año que pasa estos propósitos parecen complicarse más y sofisticarse más, hasta el punto de que como se cumplan la mitad de los propósitos que se oyen y leen por ahí, en breve el mundo entero va a ser como Bután.

Cuando hago estas reflexiones me siento un poco como el “abuelo cebolleta”, pero es que hasta hace relativamente poco tiempo, los propósitos para el nuevo año eran cosas como dejar de fumar, ir al gimnasio, perder x kilos… cosas “normales” y que podían ser conseguidas con voluntad y con más o menos esfuerzo. Pero ahora los propósitos son frenar el calentamiento global, vivir en una sociedad igualitaria, cambios, oportunidades, empatía, sororidad, solidaridad, seguir consiguiendo objetivos, aprender, crecer…. ¡Puff!

No sé vosotras, pero yo, hace años que he dejado de pensar propósitos. Recuerdo un año que me compré una libreta preciosa de Jordi Labanda, en la que pretendía hacer una especie de agenda-diario, en la que apuntar las cosas que iba haciendo, pegando recortes de cosas que me interesaran… etc. una especie de bullet journal (¡una pionera, vamos!). En la primera hoja hice una lista de propósitos para ese año, toda mona con dibujitos, pegué una dieta saludable, una serie de hábitos recomendables… No me acuerdo de qué cosas apunté concretamente, pero sí me acuerdo de que no las cumplí y de que tampoco conseguí completar la libreta, de hecho estuvo durante muchos años con esa hoja chula como únicas anotaciones.

Desde entonces, mi único propósito es el que ya os he contado tantas veces: vivir lo más feliz posible, con más tiempo para mí y para los míos, quitándome obligaciones autoimpuestas y obligándome a ser feliz, aunque a veces haya que trabajarlo.

No pretendo dar la vuelta al mundo, ni siquiera dar la vuelta a mi mundo. Me conformo con no rendirme y conseguir poco a poco invertir el reparto de mi tiempo entre la “obligación” y la “devoción”.

De estas cosas también me hubiera gustado hablaros…

Tampoco os he dicho que he reformado mi casa. Si no fuera por mi tendencia al optimismo, hubiera escrito “he sufrido la reforma de mi casa”, pero una vez acabada, se olvidan los malos momentos y queda solo el resultado y… ¡siempre merece la pena! Pero bueno, de esto ya tendremos tiempo de hablar.

Hasta pronto,

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Lecturas y lectoras II

En uno de mis primeros posts hablaba sobre mi amor por los libros y mi relación con la lectura. En él confesaba (sin avergonzarme) que no todo lo que leo son obras de premio nobel y también, que leía para mí. Decía además, que leer era un acto íntimo.

Vuelvo a esta idea porque hace algún tiempo leí en una columna que Amaya Ascunce escribe todos los meses en la revista ELLE (*) la siguiente reflexión:

Hay personas para las que, si un libro se lee fácil, no es un buen libro. Yo no soy de esas personas. No necesito filigranas retóricas, grandes tomos, metáforas descolgándose de párrafo en párrafo, ni historias intensas con años de documentación detrás. Tampoco ejercicios estilísticos y arquitectónicos con las palabras que levanten alabanzas sobre el escritor: ¡Qué proeza!¡Miren ese precioso adjetivo cómo se lanza en picado!. A los libros solo les pido que, al pasar la última página, me sienta un poco huérfana sin los personajes que habitan en ellos, que se me peguen a la piel, y me meta en la cama con sus historias (que ya son mis historias) dando vueltas en mi cabeza.

Yo no supe decirlo tan bonito (¡ya me hubiese gustado!), pero era a eso a lo que me refería. Me ha alegrado mucho leerlo porque, además de ver que no tengo unas ideas tan descabelladas, me ha hecho ver otra forma de valorar la literatura. Yo soy más de historias y ella, más de personajes, pero al final, la idea es la misma…¿Quién decide qué libro es bueno? Solo la persona que lo lee, porque solo nosotros sabemos lo que buscamos y lo que encontramos al final en cada libro. Unas veces encuentras lo que buscas y otras encuentras algo que no buscabas, pero que también te gusta, o te divierte, o te entretiene o te evade de una determinada situación. Eso es para mi lo más importante.

Estas vacaciones he tenido tiempo de leer más, para mí eso es lo mejor de las vacaciones, leer sin prisas, sin tener la sensación de estar robando tiempo a otras tareas, leer en un entorno distinto, al aire libre. No todo han sido buenas elecciones, que más quisiera yo que tener el poder de elegir siempre el libro perfecto. Quizá si me encontrara con un personaje que aparece en uno de los libros que he leído este mes…

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Es un párrafo de La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos, publicado por Penguin Random House. Es una especie de novela de misterio, sobre escritores, editores y bibliotecarios. Habla de libros y de personas que aman los libros. ¿Qué más puedo pedir? Pero además es divertida, romántica, melancólica y tiene intriga. Me ha encantando, tanto que la he leído dos veces: la primera con premura para descubrir el misterio, y la segunda con calma para disfrutar de la escritura, de los detalles, de las simpáticas notas a pie de página. ¡Un gran acierto!

David Foenkinos es también el autor de La delicadeza, si no lo habéis leído, os invito a ello, yo lo disfruté muchísimo.

Otra novela que he leído es La niña alemana de Armando Lucas Correa, publicado también por Penguin Random House. No se cómo expresar lo que me ha supuesto leer este libro. ¡Ha sido terrible! Muy duro. Es una novela inspirada en hechos reales que está contada en primera persona y narra la historia de una niña judía alemana que escapó de Berlín y llegó a La Habana a bordo del St. Louis y que a pesar de sobrevivir, fue víctima de una vida larga y dolorosa, marcada por el horror vivido en su infancia. Desde mi ignorancia, siempre había considerado afortunados a los que lograron sobrevivir, nada más lejos de la realidad.

Y, por último, os voy a hablar de La casa torcida de Agatha Christie. ¿Qué contar de esta autora? Me gusta todo: la ambientación de sus novelas, el carácter de sus personajes, los diálogos, su particular sentido del humor y sobre todo su capacidad de imaginar situaciones, de llevarte siempre a conclusiones erróneas y de sorprenderte siempre con sus finales. Es inevitable pasarte todo el tiempo intentando adivinar quién es el asesino, ¿a que sí? En el prefacio la autora dice que es uno de sus libros favoritos y que escribirlo fue un auténtico placer. Para mí el placer ha sido leerlo. No he visto la película y no lo haré, como siempre que me gusta una novela…

Acabadas las vacaciones, volvemos a la ¿normalidad? a la ¿rutina? Siempre tengo dudas sobre como expresarlo. No creo que las vacaciones deban ser algo fuera de lo normal y en mi mente, la palabra rutina sigue teniendo connotaciones negativas… En cualquier caso, aunque seguro que voy a tener menos posibilidades de leer, espero volver a escribir con la regularidad que tenía antes del verano.

Hasta pronto,

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(*) La columna se llama Club de Lectura y en ella, cada mes recomienda un libro, en este caso el libro elegido fue “Del color de la leche” de Nell Leyshon, pero todos los meses hace unas recomendaciones estupendas.
En el post Madres y no madres, ya hice referencia a Amaya Ascunce y a su libro “Como no ser una dramamamá”, divertidísimo ¡creo que su madre y la mía son la misma persona!

La buena educación

Hay un dicho en euskera que traducido al castellano viene a decir que “la camisa blanca y la buena educación siempre están de moda” y no puedo estar más de acuerdo. Algún día hablaremos de la camisa blanca (nunca tengo suficientes…) pero hoy me apetece hablar de la buena educación.

No hay nada más agradable y de buen gusto que una persona bien educada. No me refiero a sus conocimientos, que también, sino a los buenos modales, a las buenas maneras. Curiosamente no siempre están relacionados, no es extraño ver personas sin apenas formación académica que tienen muy buenos modales y también lo contrario, titulados universitarios terriblemente mal educados.

Se me ocurrió escribir este post al ver las fotos de un viaje que hice hace muchos años. En el grupo que se formó, había una pareja entre cuyos miembros había mucha diferencia de edad. Ella, una chica encantadora, participaba en todas las actividades, él sin embargo, no estaba tan presente porque solía quedarse cuidando de una niña. Esta situación, no sé por qué, despertó la curiosidad de una parte del grupo y empezaron a hacerle preguntas. En una ocasión, ante una pregunta muy impertinente, la chica sin perder la sonrisa y sin cambiar su tono de voz, le dijo: “me vas a dar por favor tu dirección, para mandarte un ejemplar de mis memorias tan pronto como las publique”. Me quedé impresionada ante una respuesta tan educada, tan poco agresiva y ¡tan efectiva! porque como os imaginaréis, en ese momento terminaron las preguntas. Me llamó la atención que una chica tan joven, tuviera tan buenos modales.

En aquella época yo era tan joven como ella y su ejemplo me sirvió para apreciar el saber estar hasta en los momentos desagradables y reconozco que alguna vez he utilizado esa misma respuesta y ha resultado igual de efectiva. Mucho más que un “¿ y a ti qué narices te importa?”. De hecho siempre he creído que las malas maneras, en multitud de ocasiones, te quitan la razón. Chillar más que el otro no significa que tu postura sea la correcta y muchas veces una disculpa o reconocer un error, resulta muy beneficioso para nuestros intereses.

Dentro de los buenos modales incluyo también cosas tan básicas para mí como: no chillar, no poner los pies en los asientos, tirar las cosas a la papelera, dirigirse a las personas con respeto, guardar las distancias con las personas que conocemos poco, saber estar en la mesa…

Me suele asombrar ver chicos y chicas muy jóvenes que no saben comer: se meten el cuchillo en la boca, manchan los vasos al beber, no distinguen los cubiertos… y ver de qué manera se dirigen a los camareros, a los dependientes, a los profesores…

¿Qué parte de todo esto es culpa nuestra? Mis padres no han podido transmitirme conocimientos culturales, no tuvieron la oportunidad de estudiar todo lo que les hubiera gustado, eran otros tiempos, pero sí que se esforzaron muchísimo en enseñarnos buenos modales. Nunca en toda mi vida he insultado a mis padres (ni siquiera de adulta) ni me he dirigido a ellos de forma inapropiada. Me enseñaron que hay que tratar a los demás con respeto, que hay escuchar y mirar a la cara cuando te hablen, que no hay que hacer preguntas impertinentes, que hay que pedir permiso y dar las gracias y que hay que saludar, siempre, también a las personas que no te devuelven el saludo, que ellos sean unos maleducados no significa que tú debas serlo.

Eso aprendí y eso he enseñado. Soy cosas básicas y sencillas de aprender, no tanto de enseñar, principalmente porque necesitan tiempo -hay que decir las cosas una y mil veces, no cansarse de repetirlo, corregir, insistir-  y paciencia, justo las dos cosas más escasas hoy en día. Muchas veces te sientes una loca que sigue ahí insistiendo en que no use el dedo para empujar la comida, o que se acerque a ti para decirte algo en vez de chillar desde el otro lado de la casa. Otras veces tienes que aguantar que tus hijos te miren extrañados cuando les dices que no eres una madre más guay si les dejas poner los pies en el sofá o que nos les estás haciendo ningún favor si les dejas irse a dormir sin lavarse los dientes.

Nos ha pasado a todas, pero he de animaros a seguir, porque el esfuerzo al final tiene su recompensa. Abundando en este convencimiento, el otro día vi un vídeo de Lyn Slater (del Blog Accidental Icon) que venía a ratificar esa idea. En él contaba que de pequeña su abuela la llevaba a tomar el té y le enseñaba buenos modales y que ahora es ella la que lleva a su nieta a tomar un café latte y le enseña modales. Dice que su nieta no le hace ni caso, pero que ella no se preocupa porque de pequeña tampoco ella le hacía caso a su abuela.

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Como ya sabéis, siempre tengo algún libro que se refiere a los temas que me interesan o sobre los que escribo. Esta vez os traigo un libro que se titula Usted primero, está escrito por Marta Robles y Carmen Posadas y publicado por Espasa. Se trata de un manual de buenas maneras actual, en el que nos enseñan las normas que ellas consideran necesarias para saber estar y actuar con naturalidad en diferentes situaciones y ámbitos de la vida. En el prólogo las autoras cuentan que la esencia de la elegancia reside sobre todo en “hablar siempre sin hacer daño a los demás” y al escribir esto, viene a mi memoria la respuesta que dio María Dueñas cuando le preguntaron cuál cree que es la virtud más sobrevalorada: “la sinceridad sin filtro”, dijo. Coincido absolutamente.

A propósito de María Dueñas, acabo de empezar a leer su última novela Las hijas del capitán, ya os contaré, pero ahora quiero recomendaros los artículos que escribe cada mes en la revista ELLE, son una delicia.

Hasta pronto.

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Libros

Con motivo de la feria del libro de Madrid se están publicando en los medios reseñas de muchos libros, así que se me ha ocurrido hablaros de algunos libros que me han gustado, por si andáis en busca de algo para leer.

Qué pena no estar en Madrid para asistir a la Feria, me encanta pasear entre las casetas que instalan en el Parque del Retiro. Aunque este año el tiempo no les ha acompañado, las tardes de Junio en el Retiro entre libros… es algo que siempre me apetece. Lástima. ¡Otro año será!

Esta vez os quiero hablar de otros tres libros que leí hace algún tiempo y que os presento porque como son libros de autores no muy conocidos y tampoco son actuales no es fácil encontrar reseñas de ellos.

El primero se titula Martes con mi viejo profesor de Mitch Albon, publicado por la Editorial Maeva en 1997.

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Nunca había oído hablar de este autor ni de su obra. Descubrí este libro, en edición de bolsillo, por casualidad en una librería de Madrid a la que entré para ocupar un rato que tenía libre. Dudé mucho antes de comprarlo porque el protagonista es un enfermo de esclerosis lateral amiotrófica y supuse que iba a ser muy triste. Afortunadamente lo compré, y digo afortunadamente porque ha sido una de las historia más maravillosas que he leído nunca.

Es un libro autobiográfico que narra el reencuentro del autor con un profesor de la Universidad con el que tuvo una estrecha relación que traspasó el ámbito meramente académico para convertirse en una verdadera amistad. Por diversos motivos no habían vuelto a verse desde que se licenció pero, al conocer la enfermedad del profesor vuelve a ponerse en contacto con él y éste de nuevo se convierte en su maestro, esta vez de una asignatura que nadie nos enseña: la vida.

Tengo previsto leer Las cinco personas que encontrarás en el cielo, del mismo autor. Ya os contaré, si responde a mis expectativas.

El segundo libro es radicalmente distinto al anterior, se titula Tres Maneras De Volcar Un Barco de Chris Stewart, publicado por Salamandra.

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El nombre de este autor puede resultaros conocido para los que seáis más o menos de mi edad, porque fue batería del grupo musical Genesis. Se hizo popular al publicar una novela titulada Entre limones (que acabó siendo una serie junto con El loro en el limonero, Los almendros en flor y Los últimos tiempos del club del autobús, en la que narra sus aventuras en el ruinoso cortijo que compró en las Alpujarras Granadinas con el fin de escapar de una vida rutinaria en su Inglaterra natal.

En este libro también nos cuenta una historia insólita y muy divertida que comienza cuando el autor recibe una sugerente oferta de trabajo por parte de una amiga, consistente en navegar con un velero por las islas griegas. El único pero del trabajo es que, Chris nunca ha navegado y no tiene ni la menor idea de cómo se maneja un velero, pero esto no le impide aceptarlo.

Una historia alegre y amena, que nos transporta a las islas griegas, con sus paisajes y que nos hace reír, aunque no creáis que todas sus aventuras son divertidas. El osado navegante, ya metido en faena, pasa de navegar por el Egeo a atravesar el Atlántico Norte…

Es un libro para pasar buenos ratos, no esperéis que os cambie la vida, pero sí que os la alegre. Tengo para leer este verano Los últimos tiempos del club del autobús, el último de la serie que os he comentado antes, y espero divertirme igual que con el resto. Apreciar de nuevo el empeño del autor por salir adelante ante todas las adversidades, con humor y no rendirse a pesar de que las cosas nunca le salen como las planea.

El tercero es un libro muy especial, se titula La luz en casa de los demás, está escrito por Chiara Gamberale en 2010 y publicado por Seix Barral.

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El resumen que aparece en la contraportada del libro fue lo que me hizo decidirme a comprarlo (tras acercarme a él por la longitud de su título…) Os lo transcribo tal cual:  Maria, una mujer libre y carismática, es la administradora del 315 de Grotta Perfetta, en Roma. Cuando muere repentinamente, deja una hija de seis años, y deja también una carta. La niña se llama Mandorla –Almendra-  y ya sólo su nombre encierra todo el encanto y el absurdo del que será su destino, ya que Maria ha dejado escrito que el verdadero padre de Mandorla es uno de los hombres que vive en el edificio. Tras una asamblea de vecinos en la que nadie confiesa su paternidad, deciden criar a la niña entre todos. Así, Mandorla irá cambiando de casa de los 6 a los 17 años, adaptándose a cinco modelos de familia: será testigo de la soledad de Tina, vivirá la separación de Caterina y Samuele, acompañará a Paolo y Michelangelo al Orgullo Gay, se sentará a la mesa de los Barilla, una familia tradicional, y vivirá las turbulencias de la eterna pareja de hecho, Lidia y Lorenzo. Y mientras Mandorla crece, se enamora y busca a su padre, Chiara Gamberale nos recuerda que, antes de ser mujeres, maridos, padres o hijos, somos personas: maravillosas y terribles, con una infancia que nos persigue.

Es una novela original, diferente, con un tema curioso y un final inesperado. Por si queréis leer algo distinto.

Espero que si sois de esas personas que no encuentran nada que les apetezca entre las novedades, estas ideas os sirvan de ayuda.

Hasta pronto.

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