Lecturas y lectoras IV

Me ha llamado mucho la atención leer en varias cuentas sobre libros que sigo en IG, que durante este periodo de confinamiento, curiosamente, muchas personas están leyendo menos que nunca, algunas por saturación y otras porque les está costando encontrar la concentración suficiente para ello.

A mí, afortunadamente, no me ha pasado, no sé por qué, quizá porque he mantenido el mismo esquema de siempre, es decir, leer un rato antes de acostarme. El único cambio que he hecho, es que leo durante más tiempo, porque en esta situación tan especial, no tengo que madrugar tanto. Por eso decía en el último post aq que estoy teniendo mucho más tiempo para leer.

En lo que va de año he leído 8 libros. Hoy os voy a hablar un poco de los 6 primeros para que si alguno os atrae, podáis aprovechar para leerlo. Ahí van:

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  1. TODO ESTO TE DARÉ de Dolores Redondo

En el escenario majestuoso de la Ribeira Sacra, Alvaro sufre un accidente que acabará con su vida. Cuando Manuel, su marido, llega a Galicia para recoger su cadáver, descubre que la investigación sobre el caso se ha cerrado con demasiada rapidez. El rechazo de su poderosa familia política, los Muñiz de Dávila, le impulsa a huir, pero le retiene el alegato contra la impunidad que Nogueira, un guardia civil jubilado, esgrime contra la familia de Alvaro, nobles mecidos en sus privilegios, y la sospecha de que esa no es la primera muerte del entorno que se ha enmascarado como accidental. Lucas un sacerdote amigo de la infancia de Alvaro, se une a Manuel y Nogueira en la reconstrucción de la vida secreta de quien creían conocer bien.

La inesperada amistad de estos tres hombre sin ninguna afinidad aparente ayuda a Manuel a navegar entre el amor por quien fue su marido y el tormento de haber vivido de espaldas a la realidad, blindado tras la quimera de su mundo de escritor. Empezará así la búsqueda de la verdad, en un lugar de fuerte creencias y arraigadas costumbres en el que la lógica nunca termina de atar todos los cabos.

Hacía mucho tiempo que no leía una novela de suspense. No me he leído la trilogía del Baztan, de la misma autora, precisamente porque estaba un poco cansada del género. No se por qué empecé a leer esta, pero fue una muy buena decisión. Me ha encantado, una historia bonita, bien narrada y bien terminada a mi entender. Me ha gustado la forma de describir los escenarios, sin resultar aburrido me ha trasladado a Galicia y me ha creado la necesidad que conocer la Ribeira Sacra.

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  1. LAS CINCO PERSONAS QUE ENCONTRARÁS EN EL CIELO de Mitch Albom

Eddie un anciano entrañable es el encargado de mantenimiento de un parque de atracciones situado junto al mar. Ha pasado toda su vida en este lugar a excepción de su participación en la Segunda Guerra Mundial, un episodio que lo marcó profundamente. El día que cumple ochenta y tres años muere mientras intenta salvar a una niña que está a punto de sufrir un accidente en una atracción de feria.

Es entonces cuando Eddie llega al cielo, un lugar donde, por fin, puede entender el sentido de su existencia en la Tierra. Allí se encuentra con las cinco personas en cuyas vidas ha influido sin el saberlo, cambiando su curso para siempre. Una a una le aportan una comprensión más profunda de cómo sus historias están unidas a la de él.

Leí esta novela porque me encantó “MARTES CON MI VIEJO PROFESOR” aquí. También me ha gustado mucho, aunque no tanto como la otra. A pesar de tener un toque de fantasía -llegada al cielo y vida después de la muerte- lo cierto es que trata temas muy terrenales y te tocan. Se ha publicado recientemente la continuación “La próxima persona que encontrarás en el cielo”…

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  1. AVENTURAS Y DESVENTURAS DEL CHICO CENTELLA de Bill Bryson

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos entró en una época de bonanza como no se había visto antes. El estilo de vida americano se desplegó envuelto en un aura de felicidad e ingenuidad: se podían comprar hasta cien marcas de helado, la mayoría de los hogares disponían de televisores para ver a Roy Rogers, el vaquero cantarín, y la gente creía que tomarse dos o tres cócteles antes de cenar era saludable. En una de esas prósperas ciudades estadounidenses nació Bill Bryson, que narra en estas fantásticas memorias sus primeros años repletos de entrañables e hilarantes estampas costumbristas, al mismo tiempo que disecciona la sociedad de todo un país.

Unas memorias escritas por un adulto pero desde la perspetiva del niño que fue. Divertidas e ilustrativas. Me venían continuamente a la memoria esas familias americanas que aparecían en las series juveniles de nuestra época, esas que estaban dobladas al castellano en origen ¿os acordáis?

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  1. LAS INCORRECTAS de Paloma Bravo

Eva, Cristina, Candela e Inma no tienen nada en común (ni el estado civil, ni la profesión, ni la actitud ante la vida), pero se encuentran en el club de fútbol de sus hijos. Allí inmersas cada una en su propia crisis vital, descubrirán que la amistad lo puede todo. Vitales, solidarias, disparatadas, rebeldes, sinceras y peleonas, se apoyarán y ayudarán como solo saben hacerlo las amigas, y conseguirán gestionar juntas sus complicados entornos: una niña psicópata, una bloguera furiosa, una hermana narcisista, un ex maravilloso y otro en la cárcel, una película que les cambiará la vida… Eso sí, su forma de hacer las cosas, muy suya, desde el humor y una irremediable incorrección.

Me esperaba más… Decidí leerla porque he leído artículos de la autora que me han gustado mucho, pero la novela no me ha llenado. Me gusta la idea, pero la historia me ha resultado poco creíble.

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  1. LA TRENZA del Laetitia Colombani

India- En Badlapur, la intocable Smita sobrevive recogiendo los excrementos de una casta superior. Resignada a su condición, está decidida en cambio a que su hija no siga sus pasos: la pequeña irá a la escuela y su vida será digna y provechosa, aunque para ello Smita tenga que desafiar las normas establecidas.

Italia- A Giulia le encanta trabajar en el taller familiar, el último de Palermo que confecciona pelucas con pelo auténtico. Hubiera podido ir a la universidad, pero dejó el instituto con dieciséis años para iniciarse en los secretos de este oficio. Cuando su padre sufre un accidente y Giulia descubre que el negocio está al borde de la quiebra, afronta la adversidad con valentía y determinación.

Canadá- Sarah es una abogada de éxito en Montreal que lo ha sacrificado todo por su carrera: dos matrimonios fallidos y tres hijos a los que no ha visto crecer. Un día, tras caer desmayada en el transcurso de un juicio, Sarah comprende que su vida ha dado un vuelco y que deberá escoger lo que de verdad importa.

Smita, Giulia y Sarah no se conocen, pero tienen en común el empuje y un tesón de las mujeres que rechazan lo que el destino les ha reservado y se rebelan contra las circunstancias que las oprimen. Como hilos invisibles, sus caminos se entrelazan, formando una trenza que simboliza la voluntad inquebrantable de vivir con esperanza e ilusión.

Realmente una delicia de libro. Con que maestría va entrelazando las historias lejanas de tres mujeres tan distintas y con circunstancias tan diferentes, de forma que llegan a confluir sin darte cuenta. Lo compré hace bastante tiempo pero me daba pereza empezarlo, pensaba que iba a ser muy denso. Qué equivocada estaba. Al final me dio  mucha pena que se terminara. ¡Me supo a poco!

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  1. LA SOCIEDAD LITERARIA DEL PASTEL DE PIEL DE PATATA DE GUERSNEY de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows.

En un Londres devastado por las bombas y que empieza a recuperarse de las terribles heridas de la Segunda Guerra Mundial, Juliet Ashton, una joven escritora en busca de inspiración novelesca, recibe la carta de un desconocido llamado Dawsey Adams. El hombre, que vive en la isla de Guersney, un pequeño enclave en el canal de la Mancha, está leyendo un libro de Charles Lamb que ha pertenecido con anterioridad a Juliet. ¿Cómo ha llegado ese ejemplar hasta Guersney? ¿Por qué Dawsey decide ponerse en contacto con Juliet? Dawsey es miembro del club de lectura La Sociedad Literaria del Pastel de Piel de Patata de Guersney, creado en circunstancias difíciles durante la contienda, una rareza en tiempos de la ocupación alemana. Cuando Juliet acepta la invitación de estos excéntricos lectores para visitar Guersney, entiende que ellos y su increíble sociedad literaria serán los personajes de su nueva novela, y su vida dará un vuelco para siempre.

Sin duda, el que más me ha gustado de todos, de hecho, pasa a convertirse en uno de mis libros favoritos, con diferencia. Lo tiene todo. ¡Está escrito en forma de cartas! Y de esa manera, simplemente leyendo lo que se van contando unos a otros, eres capaz de entender esta maravillosa historia. Es dulce, es entrañable, es divertido a pesar de la dureza de la ocupación alemana en las islas del canal, que he de reconocer que me ha conmovido.

También es muy especial la historia de la autora (Mary Ann Shaffer), una norteamericana que fue editora, bibliotecaria y librera. Durante un viaje a Londres en 1976 conoció la isla de Guersney y en un arrebato decidió volar hasta allí, quedando atrapada dos días en la isla debido a una espesa niebla. Esta fue su única novela, y fue publicada poco después de su fallecimiento. Su sobrina (Annie Barrows), ayudó a terminar el libro.

Cometí el error de ver la película… ¡No aprendo! Es muy bonita, me encantó la ambientación, el casting, el vestuario, las localizaciones…. pero no le hace justicia, demasiadas licencias, llegan incluso a modificar la historia y la relación de los personajes. Eso no me gustó.

Bueno, hasta aquí he llegado, espero que alguno os atraiga y si tenéis tiempo y ganas aprovechéis para leer. ¡Cuidaos mucho!

Hasta pronto

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Madres y no madres

El próximo domingo se celebra el día de la madre. Flores, desayunos en la cama, algún regalito, un dibujo o una manualidad de la clase de plástica del cole…¿Y qué más? ¿Y el lunes?

Desde que era muy joven, cada vez que oía que alguien decía “madre no hay más que una” yo automáticamente respondía “¡Menos mal!”. Y lo decía de corazón, solo pensar en tener más de una madre me parecía terrible. Hace ya unos años, justo los mismos que hace que yo misma soy madre, dejé de utilizar esa respuesta. Ahora creo que ni con dos madres alcanzaría para hacer (bien) todo lo que ello conlleva. La maternidad es algo que nadie se imagina, hasta que se ejerce.

Que nadie me malinterprete. No pretendo hacer una “oda a las madres” en detrimento de las que no los son. No quiero enfrentarlas ni otorgar un plus a las mujeres que son madres frente a las que, por decisión propia o por circunstancias ajenas a su voluntad, no lo son. Muy al contrario, me conmovió profundamente lo que contó María Fernández-Miranda cuando presentó su libro No madres (Editorial Plaza & Janes) así como los testimonios de las mujeres que aparecen en él.

Como todas ellas me niego a considerar la maternidad como algo intrínseco a la mujer, algo a lo que, salvo que un problema físico te lo impida, estás obligada. Me resisto a considerar que una mujer no está completa hasta que es madre, ni que renunciar a tener hijos sea una actitud egoísta, sobre todo, porque conozco muchas personas que tienen hijos con la esperanza de no verse solos al final de su vida… Yo soy madre por voluntad propia, era algo que quería y que decidí ser, pero no creo que esto me convierta en mejor mujer o mejor persona que quien no lo es, por el motivo que sea. Y he sido testigo de preguntas incómodas y de comentarios hirientes, con intención o sin ella. Dicho esto, ahora que tengo hijas, a las que adoro por cierto (de hecho, son las únicas personas por las que daría la vida sin dudarlo ni un segundo), no creo que hubiera sido menos feliz o que mi vida hubiera sido menos plena si no las tuviera. De hecho, estoy segura de que el hecho de ser madre me ha impedido desarrollar muchos aspectos de mi vida y me ha restado libertad e independencia. Son dos modos de vida diferentes. A cada mujer le corresponde decidir cuál es el que ella quiere. Libremente.

La maternidad debe ser una opción y debe respetarse tanto a las mujeres que pudiendo ser madres deciden no serlo, como a aquellas que no pudiendo, deciden actuar para conseguirlo.

Donde yo quería llegar al principio de este post es a decir que la tarea de ser madre, sin compararla, ni valorarla más o menos que otras, es muy dura. Es dificilísima aunque sea algo que tu has elegido (no quiero ni imaginarme cuando no lo es) y a confesar que cuando tomamos la decisión de ser madres, no siempre conocemos todas las consecuencias que trae consigo. Por eso a veces, considero un poco hipócrita ese despliegue (sorteo de la ONCE incluido) para celebrar el día de la madre, cuando los otros 364 días del año estamos tan “solas”.

Hace tiempo leí un post que hablaba de “la moda de desmitificar la maternidad” (de mamás & de papás). En él, Eva Bailén hacía referencia a la imagen dulce y maravillosa de la maternidad que nos transmiten (bebés preciosos y madres felicísimas) cuando todas sabemos que no siempre es así, y a lo poco que nos preparan emocionalmente para esta etapa. Decía textualmente:

“Últimamente, parece que es ya una tendencia el desmitificar la maternidad. Se comenta a menudo lo equivocadas que están muchas mujeres, antes del parto, respecto a lo que supone tener un bebé. Yo no me sentí estafada cuando llegó mi primera hija, al menos no por las mismas razones que he leído o escuchado. Supongo que tener dos sobrinos mayores que mi niña, y unos padres que durante años relataron lo duro que fue criarnos a mí y a mis hermanos, me creó una estampa poco dulcificada de la maternidad. Pero tengo que reconocer que jamás me hice realmente una imagen mental de lo que iba a suceder después del parto.”

Coincido plenamente. Es cierto que hoy en día (bueno me imagino que hoy en día aún más, hace ya 15 años de mi último embarazo…) tenemos miles de datos sobre nuestro embarazo, nos retransmiten día a día como va nuestro bebé: cuanto mide, cuanto pesa, si ya oye, si ya tiene todos sus órganos, hasta vemos su cara con las ecografías 3D y 4D. Pero nadie nos dice, y cuando digo nadie, es nadie: ni nuestras madres, nuestras hermanas, ni nuestras mejores amigas nos dicen lo que de verdad supone la maternidad. Sí nos dicen que vamos a dormir poco y alguna otra cosa evidente, pero no nos avisan de que nuestra vida, tal y como la conocemos, se va a acabar y va a comenzar otra, en la que pasamos de ser las protagonistas, a ser actrices secundarias a las que cada día cambian el guión. ¿Por qué? He llegado a pensar que es un complot o un mecanismo de defensa, para que se perpetúe la especie…Si no, no me lo explico.

Reconozco que yo misma, tuve mi momento de dulcificar la maternidad. Cuando alguna conocida estaba embarazada, tendía a decirle: “ya verás qué bonito cuando nazca…”, “vas a descubrir sentimientos nuevos…”. Ahora ya no. Tampoco me dedico a arruinar la felicidad ajena, por supuesto, pero sí que añado a los comentarios anteriores “va a ser muy duro, eh?”. Porque eso es lo que creo. ¡Que es muy duro! Y lo peor de todo, es que como es algo que afecta a muchas, no lo valoramos ni nosotras mismas. Siempre evitamos verbalizar esa sensación de “estafa” que tenemos. Tememos que si lo decimos en alto van a pensar que no queremos lo suficiente a nuestros hijos o que nos hemos arrepentido de la decisión que tomamos. Y no es así, es simplemente que muchas veces nos vemos superadas por la situación.

No voy a caer en el tópico de que “los hijos vienen sin manual de instrucciones”, eso sería muy fácil. La parte mecánica de la maternidad se aprende, como aprendemos otras cosas. Cambiar pañales, dar el pecho o preparar biberones es más fácil que muchas otras cosas que hemos sido capaces de aprender a lo largo de nuestra vida. Lo difícil es aprender a manejar las situaciones que la maternidad nos provoca. Me refiero a los cambios de rutina, pero sobre todo a las renuncias de todo tipo que supone (profesionales, personales, de pareja…) en una palabra, al cambio de vida y, a los sentimientos que esto conlleva: miedo, frustración, remordimiento, culpa…

Nos han enseñado que la maternidad es lo mejor del mundo y así lo hemos interiorizado, de modo que cuando nos damos cuenta de que en realidad no es así, nos sentimos culpables y creemos que somos malas madres. Afortunadamente, las cosas van cambiando. Ya somos muchas las mujeres que reconocemos que la maternidad no es siempre dulce y rosa, que tiene muchos sabores y muchos colores, y que probablemente no seamos lo que se espera de nosotras como madres, pero en cualquier caso… ¿a quién le corresponde juzgarnos?. Somos tan buenas madres como sabemos y tan buenas personas como podemos, porque una cosa no se entiende sin la otra, por lo menos yo no lo entiendo.

Esas mujeres de las que os hablo, han formado grupos, asociaciones, han escrito blogs y libros y nos han ayudado a sentir que somos como todas, que no solo a nosotras se nos viene el mundo encima, que no solo nosotras no llegamos a todo, que nuestros hijos no están tan bien educados como nos gustaría, ni comen tan equilibrado como deben y que pasan más horas de las recomendadas con sus móviles… y que no pasa nada por eso. Nos han hecho ver que no somos solo madres, que somos y tenemos el derecho a ser mujeres, imperfectas, pero todo lo felices que nos sea posible. Porque…¡la vida es muy corta!. No nos merecemos perder tiempo en lamentaciones.

Hay dos libros que me ayudaron mucho a desdramatizar mi situación como madre imperfecta y a darme cuenta, entre risa y risa, de que al final lo que de verdad importa es hacer las cosas con amor y buena voluntad, el resto, va poco a poco.

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Los libros son Cómo no ser una drama mamá de Amaya Ascunce (Editorial Planeta), un reflejo de “nuestras madres” y Cómo sobreviví a la madre de Pavlito (con uve) de María Frisa (Editorial Espasa), un reflejo de “nosotras como madres”. (Ya veis que lo de los títulos largos no era broma…)

Lo que sí os prometo, es que mis hijas van a estar perfectamente capacitadas para tomar la decisión de ser o no ser madres, van a tener toooodoooos los datos. ¿Sabéis quién se los va a dar?

Por cierto, he de confesar que lo del desayuno en la cama y el regalito… ¡mola!

Hasta ponto,

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