Las chicas de oro

Hace cosa de un mes leí una noticia que me produjo escalofríos. Habían aparecido en un piso los cadáveres de dos mujeres sin signos de violencia. No me enteré si llegaron a confirmarlo después, pero comentaban entonces que podría tratarse de una mujer mayor y dependiente y de su cuidadora, esta última habría fallecido repentinamente por causas naturales y la primera por falta de atención. Me causó tal impacto que cada vez que lo recuerdo se me agita el alma.

Seguro que os acordáis de una serie americana de los años 80 que se llamaba “Las chicas de oro”, en ella se relataban en clave de humor, las aventuras y desventuras de cuatro mujeres maduras, que cada una por distintos motivos habían decidido compartir casa. Me encantaba esta serie porque cada personaje era la caricatura de un tipo concreto de mujer y porque los guiones eran ágiles y divertidos, pero lo que más recuerdo era cuánto me gustaba la idea de que personas mayores pudieran compartir casa y vida, a pesar de ser todas tan diferentes. Ha venido a mi memoria esta serie porque cada vez hay más personas que viven y pasan sus últimos años solas o acompañadas solo por las personas que les cuidan y no es ese el final al que yo aspiro.

Por cierto hablando de series, a las que os hayáis dejado caer por aquí por primera vez os cuento y a las habituales os recuerdo que Amazon me ha concedido la posibilidad de ofreceros una prueba gratuita de un mes de duración de Amazon Prime Video si lo solicitáis a través de este enlace. Podéis ver series o pelis en streaming o descargarlas para poder verlas en cualquier momento, aprovechad la posibilidad, tienen miles de ellas.

Siguiendo con el tema de la convivencia,  siempre hemos visto con normalidad que los jóvenes compartan piso, en esta etapa de la vida suele ser principalmente por motivos económicos -compartir gastos es a veces la única forma de independizarse- sin embargo que personas mayores o incluso ancianas compartan piso, es para nosotros algo muy poco habitual. Tal y como andan últimamente las cosas, tampoco habría que descartar la bondad de compartir gastos, pero con esta edad se trataría más de compartir el tiempo y evitar la soledad.

Ya hablé de la soledad en una ocasión, entonces comentaba la costumbre que tenemos de apoyarnos únicamente en la familia y animaba a ampliar el círculo, incluyendo en el también a los amigos. Ahora está muy de moda referirse a los amigos como “la familia que elegimos”, quizá sea una expresión un poco pretenciosa, pero en vista de la evolución que está teniendo la sociedad, de la extensión de la vida laboral hasta edades cada vez más avanzadas, del alargamiento de la esperanza de vida,  no nos vendría nada mal ir pensando en cambiar de modelo. ¿No os parece?

Me contaba el otro día una conocida, que su madre de 80 años vive sola. Afortunadamente está muy bien de salud y está muy contenta en su casa, de hecho no quiere ir a vivir con ninguno de sus hijos, pero ella me comentaba que nota que el hecho de vivir sola le desmotiva y le limita para muchas cosas: para cocinar, porque “total para mí sola”, para salir, porque “por no ir hasta allí yo sola”… y cree que podría estar mucho más activa si compartiera su vida con alguien que esté en su misma situación. Ya sabéis que todo en compañía se hace mejor y más fácil y el hecho de que sea “un igual” les quita la sensación de dependencia o de ser una molestia para los demás.

En otros países, sobre todo en los países nórdicos, es algo más habitual, de hecho algunas amigas de mi hija, han compartido casas con personas mayores cuando han estado estudiando en el extranjero. Para estas personas supone una doble ventaja, por un lado obtienen unos pequeños ingresos y por otro, tienen la compañía de una persona joven, que les estimula y les acompaña. Se sienten mejor, más útiles y conectadas con el mundo. Pero aquí no es algo que se estile, es más, si nuestros padres se propusieran hacerlo seguro que veríamos un montón de pegas.

Pensando en este tema, me viene a la memoria el libro de Nuria Gago “Quiéreme siempre, no sé si lo habéis leído, yo no he tenido la suerte de hacerlo todavía, está en mi lista de pendientes, pero me han dicho que es una delicia. Para las que no os suene os dejo la sinopsis:

A Lu, que lleva dos años en París, le han roto el corazón por tercera vez y decide volver a Barcelona para aclarar sus ideas. Su madre le busca un trabajo de cuidadora sin consultarle y cuando la recoge en el aeropuerto, la lleva directamente a casa de Marina: ochenta y seis años, viuda y pendiente siempre de su hermana María, enferma de alzhéimer. Lo que empieza siendo una convivencia forzosa se convierte para las dos en un pequeño oasis en el que recuperarán la alegría y el control de sus vidas. Quiéreme siempre habla sobre la importancia de ayudarnos los unos a los otros, sobre la soledad de nuestros mayores, sobre cómo la música puede abrir puertas que ya nadie encuentra y, sobre todo, de cómo el humor, el amor y la valentía de mirar hacia adentro pueden salvarnos.

IMG_2765

Cuando hablo de esto con mis amigas, me suelen decir que las personas mayores no están para convivir con nadie, que nos hacemos raros, que tenemos nuestras costumbres y horarios, que no queremos adaptarnos ni amoldarnos a otros… Yo no tengo tan claro que eso sea así.  Si me pongo a imaginarme a mí misma dentro de unos años, tengo claro que no me gustaría estar una casa llena de niños que corran y salten, rían o lloren, o con unas personas que trasnochen cuando yo quiera dormir o me despierten por la mañana si ellos tienen que madrugar ¡Seguro que no! ¿Pero si se tratara de convivir con un par de amigas, de más o menos mi edad, con unos horarios parecidos y unas necesidades similares? Que ellas me recuerden que me tengo que tomar las pastillas, que yo les “obligue” a ir a tomar un café o que compartamos una peli las tardes de invierno ¿qué me diríais entonces? Creo que es algo que cada vez está más presente entre las personas maduras. Muchas, yo me incluyo en este grupo, quieren vivir la última etapa de su vida entre iguales, con personas de su misma edad y con sus mismas aficiones, les apetece vivir entre amigos, cuidarse y apoyarse entre ellos.

En esta línea, están proliferando los proyectos de cohousing, que no es otra cosa que compartir vida pero en unas instalaciones que combinan espacios privados con espacios comunes. Es una muy buena alternativa a estar bajo la supervisión de los hijos o ingresados en unas residencias, cuyos precios son casi siempre prohibitivos. Pero aún queda mucho camino por recorrer, son proyectos complicados que hay que iniciar desde cero y se requieren muchos medios. Mientras tanto, hay muchas personas viviendo solas en casas espaciosas que podrían ser compartidas y así vivir de manera más cómoda y segura, más activos y económicamente más holgados… No me parece que sea una locura ¡pensad en ello!

Hasta pronto,

winter-of-67-signature

Plástico

Esta semana se ha celebrado el Día Mundial del Medio Ambiente y en todas las cadenas de televisión ha sido noticia. Han utilizado para ilustrarla unas terribles imágenes de buceadores moviéndose por el mar entre kilos y kilos de basura, principalmente plástico. Desde distintas asociaciones han hecho una llamada a boicotear los productos envueltos en plástico durante esta semana, muchos aludían al poder de los consumidores, otros sin embargo, se quejaban de que se dejara esta responsabilidad y el esfuerzo que ello conlleva solo en manos de los consumidores.

 

Personalmente llevo bastante tiempo concienciada con el tema del medio ambiente e intento hacer todo aquello que esté en mi mano, soy consciente de que soy un grano de arena en una playa, pero confío en que cada vez seamos más granitos…

En el aspecto en el que más me he centrado, por entender que es el que más a mi alcance está, es precisamente en el de evitar residuos y en su reciclaje. Hace mucho que comencé a separar la basura, pero ahora además me he tomado bastante en serio evitar todos aquellos envases que no sean necesarios y os aseguro que no me resulta nada fácil. Me imagino que a vosotras os pasará lo mismo, cada vez que vengo del supermercado lleno las bolsas de basura, la del cartón -que ni tan mal porque su reciclaje es más sencillo- pero sobre todo la de los envases, con plástico en todas sus versiones.

Hace ya bastantes meses que llevo mis propias bolsas a la compra, son muchas las personas que lo hacen, no hay mas que fijarse en la cola del supermercado, de esta manera se reduce bastante el consumo de bolsas para el transporte, pero ¿qué me decís de las que llevan los productos? Aunque evites los que vienen previamente envasados, los que venden a granel hay que meterlos en una bolsa de plástico para pesarlos y etiquetarlos, en algunos productos puedes evitarlo, poniendo la pegatina directamente, en el melón, en la sandía, en el brócoli… pero son muy pocos los que nos permiten hacer esto. Dejé de comprar la carne o el pescado de los expositores, lo compro directamente en las secciones correspondientes, pero tengo que acordarme de decir cada vez que pido una cosa que por favor no me pongan plástico, porque aunque parezca mentira, por encima del papel plastificado en el que envuelven los productos, ponen una capa de plástico, el pescado me lo dan en una especie de tuppers de plástico… ¡todo es así! Hemos llegado al absurdo, el otro día vi un trozo de jamón envasado al vacío y luego metido en una bandejita blanca cubierta de plástico.

La única manera de poder evitar todos los envases innecesarios es recurrir a pequeños establecimientos de venta a granel, en los que se ha vuelto a “lo antiguo”, bolsas de papel o de tela reutilizables, tuppers que lleva el propio cliente… Es un buen sistema, pero no al alcance de todo el mundo ya que no hay muchos y no siempre los tenemos cerca, los precios suelen ser más elevados y hay que ir provisto de los envases desde casa, por lo que a veces no tenemos el tiempo necesario. Me imagino que a esto es a lo que se refieren cuando dicen que no se puede pedir todo el esfuerzo a los consumidores.

Me cuesta adivinar como hemos llegado a esta sobreutilización de envases. ¿De verdad es necesario? ¿Hay motivos de salud? ¿De higiene? Sinceramente creo que no. ¿Por qué se hace entonces? Supongo que alguien habrá decidido que así sea y que esto genera mucha actividad y que hay muchos intereses, sobre todo económicos vinculados a ello, pero eso no puede servir de excusa.

Cuando hablo de este tema siempre vienen a mi memoria los envases donde se venden los huevos. Cuando era pequeña, los vendían en una bolsa de papel (de hecho todo se vendía en bolsas de papel, la fruta, la verdura…), recuerdo el cuidado con el que había que llevarlos para que no se rompiera ninguno por el camino. Cuando empezaron a comercializarlos en unas hueveras de plástico, a todos nos pareció un gran “adelanto”, ¡ya no se rompían! El caso es que desde hace mucho tiempo, esas hueveras son de cartón, todas las granjas fueron cambiando paulatinamente de unas a otras, pensad en la ingente cantidad de plástico que se ha ahorrado el planeta con este simple cambio. ¿Tan difícil será hacerlo con el resto de productos? ¿Volver a otro tipo de bolsas? Quizá soy una ingenua, pero no creo que sea difícil, me parece que solo es cuestión de voluntad y de que se legisle para ello.

De todas formas, no sólo los envases suponen un grave problema, hay muchas otras cosas que podemos suprimir de manera instantánea y sin ayuda de nadie, las pajitas por ejemplo, todas las vajillas y cubiertos desechables, un sinfín de objetos innecesarios que por moda o costumbre se han convertido en parte de nuestra rutina diaria.

Hay muchas personas que no han tomado conciencia en este asunto, porque creen que no es algo que les afecte, los mares, los animales… ¿qué les importa a ellos? No son conscientes que en esos mares se alimentan los peces que luego nos comemos y que todos esos residuos acaban de una manera u otra en nuestro organismo, causándonos unos perjuicios, que todavía hoy nos sabemos cuánto pueden llegar a afectarnos.

A ver si poco a poco vamos siendo un poco más conscientes, la siguiente generación nos lo está pidiendo a gritos, no podemos dejarlo todo en manos de los demás, hay cosas que están en las nuestras.

 

Hasta pronto,

winter-of-67-signature

Memories

Estoy segura de que a muchas de vosotras nada más leer el título del post de hoy os ha venido a la cabeza la canción del musical Cats, maravillosamente interpretada por Barbra Streisand ¿a que sí? Pues a partir de ahora vais a estar un buen ratito tarareando la melodía ¡fijo!

¡Qué voz! ¡Qué talento! ¡Que mujer! No creo que exista un equivalente masculino, alguien que cante, actúe, dirija, produzca, componga… y que lo haga todo bien. Leí una vez que su madre no la apoyó en su vocación porque la consideraba poco atractiva ¡ni falta que la hacía! De todas formas, estoy segura de que si fuera un hombre, hubiera gozado de mayor reconocimiento. Me declaro fan absoluta de Barbra Streisand, no solo adoro su faceta de cantante, con temas memorables como What Kind of Fool, Guilty, Woman in Love, además del mencionado Memory ¿qué me decís de sus películas? Yentl, El amor tiene dos caras, junto a Jeff Bridges, The Way We Were, que protagonizó junto a Robert Redford y a cuya banda sonora pertenece precisamente este tema. ¿Habéis visto el reencuentro de ellos dos en el programa de Oprah?  Emocionante.

Hablando de recuerdos… he llegado hasta aquí, porque mi cerebro es un órgano muy complejo. Cierto es que, en este momento de mi vida, ya me conformo simplemente con que funcione, y no tener que añadir a mi ya de por sí larga lista de tareas, la de acordarme de respirar o cosas de ese estilo, pero no es menos cierto la cantidad de veces que me realmente me sorprende. Últimamente me paso el día diciendo que cualquiera de mis electrodomésticos es más listo que yo, eso por no hablar de cualquier aparato de alta tecnología. Todavía recuerdo cómo me impresionaba la calculadora cuando estaba en EGB, llegué a hacer operaciones larguísimas a mano para comprobar que lo hacía bien. No me podía creer que esa cajita de plástico fuera más inteligente que un ser humano.

Pero lo que os quería costar hoy es que últimamente mi cerebro va por libre y si me centro en la memoria ¡todavía más! Tanto es así que desde que escribo este blog, he decidido llevar siempre conmigo una libreta para ir apuntando las cosas que se van ocurriendo, porque si no lo escribo en ese preciso momento, para cuando llego a casa esa idea ya no está en mi cabeza ¿A dónde se ha ido? Eso es todo un misterio para mí, pero lejos de acordarme o no, de más o menos cosas, lo curioso es que algunas de ellas las recuerdo distorsionadas. En algunas ocasiones he sido capaz de jurar por mis hijas que un hecho ha ocurrido de determinada manera y luego alguien me ha demostrado que no fue así. ¡No os imagináis que sensación más extraña! sobre todo porque curiosamente siempre he sido como la “memoria externa” de la familia, a mí me llamaban por teléfono para preguntarme qué año habíamos estado en no se donde o cuándo se había casado no se quién. ¿Dónde estás memoria mía? ¿Eres otra de esas cosas que han decidido abandonarme, igual que la firmeza de mis piernas o el color de mi pelo? ¡¡Sniff!!

Lo cierto es que a mí este tipo de cosas me preocupan y mucho, aunque según me explicó una médico cuando le planteé esta cuestión, lo que ocurre es que con la edad necesitamos prestar más atención para que nuestra memoria fije las cosas, debemos hacerlo de forma más consciente. Yo os prometo que me fijo y me esfuerzo, pero aún así hay determinadas cosas que no soy capaz de recordar, cosas tan complicadas como el  número de una línea de autobús o si le he pagado a una amiga el encargo que le hice.

Me pasa continuamente, y esta es la razón por la que he escrito este post, aunque en realidad había empezado a escribir otro. ¡Mi cerebro tiene vida propia! Empiezo a escribir y él se pone en marcha, salta de idea en idea y de un post me surgen otros, tantos que me cuesta ordenarlos y me encuentro con contenido para una buena temporada, eso sí, tiene que ser en ese momento, de ahí lo de la libretita que os comentaba antes, porque si posteriormente intento acordarme de qué era lo que se me había ocurrido, ya no soy capaz de recordarlo.  ¿Tendré una tecla reset y no me he dado cuenta? O será también cosa de la menopausia…. Si algún neurólog@ lee esto que por favor me de alguna pista.

Hablando de memoria, casi se me olvida. Amazon me ha concedido la posibilidad de ofreceros, a partir del lunes 3 de Junio, una prueba gratuita de un mes de duración de Amazon Prime Video si lo solicitáis a través de este enlace. Si os apetece ver series y pelis en streaming o descargaroslas para verlas en cualquier momento, aprovechad la posibilidad, tienen miles de ellas.

Hasta pronto,

winter-of-67-signature

Depresión

Siempre me despido del fin de semana leyendo en la versión on-line de la revista Vanity Fair la columna que escribe Javier Aznar titulada “Cosas que me han hecho feliz esta semana”, donde cuenta o explica, a veces solo enuncia y otras muchas veces ilustra, situaciones o cosas -desde libros a exposiciones, comidas, canciones…- que le han alegrado la semana. No hay un domingo que no reserve unos minutos para leerlo, es una manera estupenda de decir adiós al fin de semana y coger alegría para encarar una nueva semana. Si tenéis 10 minutos, no dejéis de pasaros por ahí, merece la pena, en serio.

En una de esas columnas, concretamente en la número 50 del día 21 de Abril de 2019, hacía referencia a una Charla TED de Ana Ribera y decía de ella: “Domina el escenario, es concisa y no cae en la autoindulgencia. Además toca algunos temas importantes que no todo el mundo tiene tan interiorizados”. Es un video que dura 12 minutos, pero me parece una muy buena inversión de vuestro tiempo si os sirve como me ha servido a mí. Esta charla, emotiva y humana, me ha hecho saber de primera mano -contado por alguien que lo ha pasado y sabe realmente de lo que habla- lo que supone sufrir una depresión y superarla, pero además me ha despertado el interés por esta enfermedad de la que, aunque nos parezca mentira ¡ninguna estamos libres! Nos puede tocar a cualquiera.

Después de ver el video, me llama la atención lo muy identificada que me veo cuando nombra los errores en los que normalmente caemos. ¿Quién no ha dicho alguna vez “estoy deprimida” cuando únicamente está triste o decaída, o simplemente está pasando una mala racha? ¿A quién no le ha costado entender que determinadas personas, que creemos deben considerarse afortunadas, sufran una depresión? ¿Quién no ha dicho alguna vez a una persona afectada por esta enfermedad, “anímate”? Cierto es que no creo que ninguno de nosotros pretendamos con esta actitud culpabilizarlos, nada más lejos de nuestra intención, de la mía por lo menos, o que entendamos que su enfermedad es resultado de un capricho, pero las consecuencias son las mismas: no solo no ayudamos, sino que incluso hacemos que se sientan peor.

También Jordi Evole (Salvados) dedicó un programa a esta enfermedad, en él Enric Alvarez, psiquiatra, además de coincidir con lo expresado por Ana Ribera, en el sentido de entender que: “Se ha vulgarizado el término y ahora se llama depresión a cualquier cosa. Lo primero que hay que saber es que la tristeza es una situación perfectamente normal y que la depresión no tiene nada que ver con la tristeza. Es una enfermedad que produce un sufrimiento absolutamente devastador y que no tiene nada que ver con ninguna otra enfermedad”, describía los terribles síntomas, muchos de ellos totalmente desconocidos para mí, de la depresión. Estos son algunos de los que nombraba: “Sería la incapacidad de sentir placer, la intolerancia total a cualquier tipo de stress -la decisión más banal, el comportamiento más sencillo, la responsabilidad más leve es una montaña insoportable-, la intolerancia al dolor -cualquier molestia física es horrible, un dolor de cabeza o la distensión del abdomen después de haber comido-, la alteración de los ciclos circadianos -es decir, la estructura del sueño se ha perdido y aunque duermas no descansas nunca y te despiertas siempre peor que antes de dormir-, la disfunción cognitiva -a nivel intelectual estás totalmente perdido, no tienes memoria, no tienes capacidad de entender, de síntesis, no puedes hacer las funciones ejecutivas elementales del día, programarte el día…

Todo esto y además las ideas que se pasan por la cabeza, todas consecuencia de esto: ideas de culpa, de negación, de que no eres tú  -no te reconoces, eres otra cosa, no eres lo que tú reconoces como tú mismo-, ideas de ruina, de muerte…

La vida es un día tras otro sin que haya nada agradable y encima con todos los       puntos negativos más claros que nunca.

¡Puff! Si la parte humana, contada desde la experiencia propia de Ana Ribera me impactó, la parte médica me dejó desolada. ¡¿Como he podido vivir tantos años desconociendo algo con lo que conviven tantos millones de personas?!  Los testimonios de las personas que aparecen en este programa son terribles, pero muy educativos. Os recomiendo verlo.

Casualmente, el otro día comentaba con unas amigas, que no siempre sabemos tratar a las personas enfermas. Aunque tengamos mucha voluntad y buenas intenciones, no sabemos qué tenemos que decir, ni siquiera si tenemos algo que decir, no sabemos qué necesitan oír o como podemos ayudarles o acompañarles en su enfermedad. Muchas veces recurrimos a la compasión, que creo que es tan negativa como esa normalidad o falta de preocupación que queremos dar a entender otras veces. Las personas enfermas saben perfectamente lo que tienen y sus consecuencias, saben lo que pueden esperar y el camino que deben recorrer, de poco o de nada sirven nuestros intentos de dulcificar o desdramatizar. Somos el resto los que adolecemos de una educación al respecto, nadie nos educa en afectividad o en empatía, en ningún sitio se estudia como ayudar y acompañar a los enfermos y es una pena que en esos momentos tan duros, cuando más calor y apoyo necesitan, seamos tan “inútiles”, no sepamos qué tenemos que hacer o cómo debemos hacerlo. ¿No os parece muy triste? A mí sí y me produce muchísima frustración.

No quiero extenderme, porque no soy una experta y afortunadamente, ni yo ni ninguna persona cercana ha pasado este calvario, no pretendo dar lecciones, solo quiero entonar el mea culpa, no tanto por frivolizar la palabra depresión, sinceramente no tengo costumbre de utilizar esta expresión, pero sí por no haber sabido entender que la depresión es una enfermedad que viene sola y que no siempre está relacionada con la tristeza, y sí por haber caído en el tópico de decir a las personas que se animen y que tengan buena actitud. Lo siento, no era tan consciente como lo soy ahora de lo que realmente supone una depresión. Espero hacerlo mejor de ahora en adelante.

Hasta pronto,

winter-of-67-signature

Post data: La foto de portada pertenece al libro I Had a Black Dog, escrito por Matthew Johnstone, que sufrió depresión y aprovechó su condición de ilustrador para escribir un libro y visibilizar esta enfermedad.

Katharine Hepburn

Es curioso como ocurren las cosas ¿verdad? Hacía años que no me acordaba para nada de Katharine Hepburn y de repente en muy poco espacio de tiempo, un día me encontré con la carta que os contaba en el post anterior y otro con una biografía suya en el lobby de un hotel.

Así que una vez de nuevo en mi memoria y dado que es uno de esos personajes que me parecen interesantes, me ha apetecido escribir sobre ella. Como os dije (aquí) es mi actriz favorita de todos los tiempos, (en dura pugna con un par de ellas más, como mucho) pero además, me parece una persona muy especial y con una vida verdaderamente interesante. Lástima que las nuevas generaciones no vayan a llegar a conocerla. ¿Quién tiene tiempo de ver pelis antiguas con la cantidad ellas nuevas que hay? ¡Por no hablar de las series!

De ella han trascendido muchas frases que nos dan una idea de su personalidad. Algunas de estas frases, las que me ha parecido que tienen relación con lo que voy escribiendo, las he intercalado en el texto.

Valorando solo su trabajo, me parece una gran actriz. Sus interpretaciones en películas emblemáticas son inolvidables. No en vano recibió 4 Oscars, una cifra que aún no ha sido superada, dándose la curiosa circunstancia de que entre el primero en 1938 por Gloria de un día y el último en 1982 por En el estanque dorado, transcurrieron 44 años. Una anécdota que nos da una pista de su carácter es que solo fue a recoger unos de ellos y que lo hizo en pijama.

¿Quién no se acuerda de esas películas en blanco y negro? Comedias deliciosas, con diálogos divertidos, interpretando siempre a mujeres interesantes… Os confieso que en el cine soy como en literatura, me gusta la luz, las historias alegres, decorados bonitos y vestuarios elegantes, y películas como La fiera de mi niña, Historias de Filadelfia, Adivina quien viene a cenar y otras tantas, reúnen todos esos requisitos. —Actuar es el menor de los talentos. No olvides nunca que no te darán un Nobel por ello y que Shirley Temple lo hacía perfectamente con 4 años. K.H.

Pero esta mujer me atrae no solo por su faceta de actriz, ya he dicho que como mujer me parece muy especial, tanto por su físico como por su personalidad. —Si haces siempre lo que te interesa, por lo menos habrá siempre una persona complacida. K.H.

Tenía una belleza singular, con unas facciones muy marcadas, era elegante y discreta, una mujer que resultaba atractiva sin recurrir al exhibicionismo y sin ordinariez. —Si te dan a escoger entre dinero y atractivo, coge el dinero. Cuando envejezcas, el dinero será tu atractivo. K.H.— Su estilo era único, era ella misma en todas las películas en las que trabajaba, jamás se la veía fuera de su entorno. Llevaba la ropa con gracia, tanto si era ropa cómoda como si eran trajes de noche, por la jungla o en una de esas glamurosas fiestas de los años 50. Fue la primera actriz en usar pantalones en una época en la que nadie lo hacía, de hecho dicen que contribuyó a que se diseñaran pantalones apropiados para las mujeres, por cierto, muy parecidos a los que se llevan ahora y que tanto favorecen, flojitos y con caída.

Su personalidad, que a mí me resulta tan interesante, le granjeó más de una enemistad en su época, —Los enemigos son tan estimulantes. K.H.— precisamente por desafiar las normas que estaban establecidas en la sociedad de entonces. —Si hubiera seguido todas las reglas no hubiera llegado a ninguna parte. K.H.— Sus biógrafos dicen que su carácter se forjó en su infancia, por la educación que recibió de sus padres, cultos, liberales y de clase alta, que fomentaron su libertad y su independencia —Nos enseñan que debemos culpar a nuestros padres, hermanos, a la escuela, los maestros pero nunca a nosotros. La culpa nunca es nuestra. Pero siempre es culpa nuestra, porque si queremos cambiar debemos hacer el esfuerzo. K.H.— Lo cierto es que fue una persona muy celosa de su intimidad, no concedía entrevistas, ni firmaba autógrafos y evitaba los lugares públicos. —La muerte sería un gran alivio. No más entrevistas. K.H. — Tuvo fama de arrogante y no fue hasta su llegada a la madurez cuando mejoró su imagen pública.

Siempre independiente y segura de si misma, descartó volver a casarse —Si desea sacrificar la admiración de muchos hombres por las críticas de uno, contraiga matrimonio. K.H. — y no quiso tener hijos —Ser madre y ama de casa es el trabajo más grande del mundo, pero si no te interesa, no lo hagas. Yo hubiera sido una madre terrible. K.H.— Teniendo en cuenta que estamos hablando de los años 40 y 50, está claro que fue una adelantada a su tiempo, que se enfrentó al sistema establecido y al papel que se había adjudicado a las mujeres. Esto sirvió de ejemplo a muchas mujeres de su época y por ello ha sido reconocida.

dav

Pero sin duda, lo más celebre de la vida Katharine Hepburn, quizá sea su historia de amor con Spencer Tracy. Se conocieron en la película La mujer del año y no se separaron hasta el fallecimiento de él, 25 años después. —Solo la gente sencilla sabe qué es el amor. La gente complicada trata tanto de causar impresión que pronto agota su talento. K.H.— Nunca convivieron porque el actor, que era católico, jamás se divorció de su mujer, pero a pesar de ello durante todos esos años, se dedicó a él, lo acompañó y ayudó en los momentos malos, ya que era alcohólico y sufría insomnio, y las interrupciones de su carrera coincidieron con los periodos en los que la salud de Spencer Tracy estaba más afectada. A mí siempre me resultó chocante esta relación, más aún cuando ella misma reconoce que nunca le dijo que la quería. No me encaja que una mujer con esa personalidad y ese carácter asumiera una situación tan difícil. Seguramente se explica por la idea que la propia actriz tenía del amor… —Amar no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, solo con lo que esperas dar, es decir, todo. K.H.— Pero lo más curioso de esta historia de amor es que nunca fue pública, nunca trascendió y la actriz solo habló de ella tras el fallecimiento de la mujer de Spencer Tracy.

Su vida continuó muchos años tras la muerte de su amado, siguió trabajando y nos regaló personajes maravillosos como el de Ethel en la premiadísima En el estanque dorado, una de sus últimas películas. Murió muy mayor, con 96 años, el Parkinson la acompañó sus últimos años lo que limitó sus apariciones públicas, pero estuvo activa hasta el final de sus días. —La vida es dura, después de todo, te mata. K.H.

Soy consciente de que estoy hablando de un personaje del que solo conozco lo que me han contado, de sobra sé que todo puede ser mentira o estar manipulado. Ella misma escribió sus memorias “Yo: historias de mi vida”, pero no he tenido la oportunidad de leerlas aunque está dentro de mis propósitos. Si descubro que algo de lo que he contado no es cierto, prometo corregirlo. —Me arrepiento de muchas cosas y estoy segura que todo el mundo lo hace. Si tienes sentido común te arrepientes de las cosas estúpidas que has hecho y si no lo haces, quizá sea porque eres un estúpido. K.H.

Os dejo con un vídeo que recoge las mejores escenas cinematográficas de esta pareja. Disfrutadlo.

Hasta pronto,

winter-of-67-signature

Cartas memorables

Me declaro fan absoluta de las nuevas tecnologías. Han llegado tarde a mí, pero ahora sería difícil entender mi día a día sin recurrir al whatsapp o al correo electrónico. Me encanta su inmediatez y lo poco o nada que cuesta usarlo. No tienes la preocupación de molestar con una llamada inoportuna, es el destinatario quien tiene la facultad de gestionar cuándo y cómo e incluso decidir si recibe las comunicaciones que le mandamos. Tampoco necesitas esperar a disponer del tiempo necesario para telefonear. Nos permite estar en contacto con personas de cualquier parte del mundo al momento y hasta nos da la posibilidad de sustituir las palabras por fotos: ¿Por dónde andas? Foto. Y ¿qué me decís de los mensajes de voz? ¡No es necesario ni saber escribir!

Ahora bien, las mismas cosas que tienen de bueno, también las tienen de malo. ¡Como casi todo, me imagino! Ya no hablamos tanto, los mensajes han sustituido a las llamadas y nos hemos acostumbrado a expresar nuestras emociones por medio de emoticonos. Tanto es así, que cuando escribo los posts… ¡los echo en falta!

Sin embargo, lo que de verdad me entristece, es que ya no escribimos cartas. Ya sé que mucho antes de la “era whatsapp” la costumbre de mandar cartas estaba de capa caída, el teléfono inició su declive, pero se seguía manteniendo la costumbre de escribir y mandar cartas en momentos concretos. Hoy por hoy, con el whatsapp y el correo electrónico… han sido desterradas definitivamente.

El cambio ha sido muy rápido, o al menos así me lo parece. ¡No somos tan mayores y hemos escrito y recibido cartas! Escribíamos a los amigos que habíamos hecho durante el verano, a nuestros padres cuando nos íbamos de campamento, mandábamos postales de los sitios que visitábamos y en Navidad. Ahora, en Diciembre se nos llena el teléfono de renos bailando Jingle Bells. ¡Qué horror! Sobre todo cuando te llegan a través de grupos, todo en serie, sin diferenciar entre los destinatarios. Mandar un whatsapp no exige la dedicación de elegir con mimo la postal, ni de pensar lo que vas a escribir en cada una, pero resulta mucho más impersonal. Ya sé que a muchas personas esto les ha librado de algo que les resultaba un engorro, pero yo, que soy una romántica y me encanta escribir cartas, lo echo de menos.

Mi mejor amiga de aquella época se fue a estudiar COU a Canadá. Durante ese año nuestra única comunicación fue a través de cartas, las llamadas internacionales (conferencias se llamaban ¿os acordáis?) no estaban al alcance de todo el mundo. Nos escribíamos todas las semanas, en aquellas cartas larguísimas nos poníamos al día de las cosas de clase, de los chicos que nos gustaban, yo le mandaba las noticias del Athletic que recortaba del periódico y ella preciosas fotos de Ontario. Siempre miraba el buzón con ilusión y era motivo de alegría encontrarme en él uno de esos sobres con el borde azul y rojo y el sello de “Air Mail”.

Ya de adulta, he seguido enviando postales en Navidad y he mandado cartas a mis hijas cuando se iban de campamento, aún tienen algunas guardadas. Me pasaba horas pensando qué ponerles más allá de las novedades que, como os imagináis, eran pocas en el corto tiempo que duraba su ausencia. Les mandaba textos en clave, pequeños crucigramas… ¡seguro que me lo pasaba yo mejor que ellas!

Gustos aparte, creo además, que escribir cartas es muy bueno. Por un lado, porque nos hace pensar lo que queremos decir, podemos reflexionar y corregir, algo que resulta imposible hacer mientras hablamos, pero sobre todo, porque nos obliga a buscar las palabras y la forma de expresar por escrito nuestros sentimientos. Estoy segura de que este esfuerzo redunda en la mejora del lenguaje y de la expresión escrita.

winter-of-67-cartas-memorables-shaun-usher.jpg

Sobre cartas precisamente, tengo un libro muy bonito. Se llama “Cartas memorables” y llegó a mis manos, no sin dificultad (hubo que pedirlo), después de verlo recomendado en alguna revista. Está escrito por Shaun Usher y publicado por Salamandra. En el reverso del mismo se puede leer lo siguiente: “Desde la desgarradora carta que escribe Virginia Wolf antes de suicidarse, hasta la receta de ‘scones’ que la reina Isabel II le envía al presidente Eisenhower; del primer uso del acrónimo O.M.G. del que se tiene constancia en una carta a Winston Churchill al llamamiento a mantener la paz que Gandhi dirige a Hitler; y de la bonita carta en la que Iggy Pop da consejos a una atribulada y joven admiradora a la extraordinaria misiva en la que Leonardo Da Vinci solicita empleo, Cartas Memorables es una celebración del poder de la correspondencia escrita que capta el humor, la seriedad, la tristeza y la genialidad que forman parte de nuestra vida”.

winter-of-67-cartas-bethoven-da-vinci
Cartas de Da Vinci y Bethoven

No creo que haga falta que os diga que me encanta. De muchas de ellas se puede ver el original y todas están traducidas. No se si será porque me atrae mucho el pasado (de hecho, más que el futuro) o porque tengo un puntito voyeur… pero ver esas cartas, muchas de ellas escritas a mano, ver la letra de personas a las que admiro tanto, me resulta muy emocionante. Hay una preciosa que Katherine Hepburn (¡mi actriz favorita de todos los tiempos!) escribe a Spencer Tracy (el amor de su vida) una vez fallecido, que pone los pelos de punta.

Ciertamente, es una pena que ya no escribamos cartas… Me conformaré con escribir posts, que al final, son un poco lo mismo.

Hasta pronto,

winter-of-67-signature

En un rincón del alma….

Ningún post hasta ahora había salido tan desde el fondo de mi corazón como este. Acabo de perder a una persona muy querida. Ha sido inesperado, inoportuno, pero sobre todo injusto y muy, muy doloroso.

Las despedidas nunca son bien recibidas, pero mucho menos cuando llegan antes de tiempo… para esas nunca estás preparada.

Decía Lucía Etxebarria en una de sus novelas (*) que: “no echamos de menos a las personas que amamos, lo que echamos de menos es la parte de nuestra vida que se va con ellas, que ya no va a existir si no están ellas”. En mi caso, no se si es a ella o a la parte de mí que se ha llevado, pero sé que la voy a echar muchísimo de menos. Su presencia, sus consejos, sus halagos…pero sobre todo su cariño. Ese cariño que se nota y que se aprecia, más aún porque no era obligatorio. No tenía por qué quererme, pero eligió hacerlo. Espero haber sabido demostrarle cuánto agradecía su cariño.

Tuvo mala suerte. La enfermedad la eligió, pudo haber escogido a cualquier otra, pero fue ella. Así nos lo contaba, como una “mala jugada” del destino.

Se ha ido, nos hemos quedado huérfanos de su presencia, pero a todos los que la conocimos nos ha dejado millones de momentos inolvidables y de recuerdos que, cuando dejen de doler, nos van servir de ejemplo. Porque ella era una gran mujer. Guapa y elegante, aunque eso no sea relevante, serena, razonable, objetiva, paciente, sensata…pero sobretodo, una mujer muy valiente. Con su serenidad y su valentía en la etapa más difícil de su vida, me ha dado su última y más valiosa lección.

Me he apropiado del título de una canción de Alberto Cortez para titular este post. En ella decía: “en un rincón del alma donde tengo la pena que me dejó tu adiós…” Espero que, con el tiempo, pueda cambiar la pena de tu adiós por la alegría de haberte conocido.

Adiorik ez!

winter-of-67-signature

(*) Amor, curiosidad, Prozac y dudas

Mafalda

¿Os acordáis de Mafalda? ¿No os pasa como a mí, que os traslada automáticamente a vuestra adolescencia? Muchos de los buenos recuerdos de mi adolescencia y de mi juventud estás unidos a los libritos de Mafalda. ¿Os acordáis de ellos? Eran 10, creo recordar, pequeñitos, apaisados, cada uno de un color… Nos pasamos prácticamente todo BUP (sí, sí, he dicho BUP, porque se ha puesto muy de moda el Yo Fui A EGB, (*) pero nadie parece acordarse de que despés nos tocó BUP y COU…) intercambiándonos esos libritos, y creo recordar que era uno de los regalos que nos solíamos hacer en los cumpleaños. Mucho más tarde, conseguí una recopilación que hizo Círculo de Lectores, titulado TODO MAFALDA, en el que aparecía todo lo publicado sobre ella, tanto en libros como en campañas…etc.

Mafalda es una niña despierta, pesimista, rebelde y muy revolucionaria. Tiene unas preocupaciones muy de adulto responsable, por encima incluso que de las de sus propios padres, que vivían centrados en sacar la familia adelante. Pero sobre todo, tiene unas ideas muy avanzadas sobre el papel de la mujer en la sociedad, sobre la maternidad, los derechos humanos y sobre los que dirigen el mundo. ¡Qué personaje más entrañable! Visto ahora, me llama la atención que no resultara más atractiva a los adultos de aquella época, yo por lo menos, la recuerdo más popular entre los jóvenes… Y sin embargo ahora, pocos son los jóvenes que la conocen.

Como habéis podido deducir, soy fan absoluta de este personaje, pero no solo de Mafalda, aunque ella era el personaje central, no puedo olvidarme del resto de sus amigos. Todos eran diferentes, cada uno tenía sus características bien definidas y retrataba un grupo social determinado: un capitalista (Manolito), una comunista (Libertad), una conservadora (Susanita), el despistado y perezoso (Felipe), el soñador (Miguelito) … Sus conversaciones eran muy divertidas, sobre todo en las que aparece Guille, su hermano.

Me imagino que os preguntaréis cómo es que me ha dado ahora este ataque de nostalgia y que a cuento de qué os hablo hoy de Mafalda, ¿a que sí?

Pues todo esto se debe a que el otro día leí en una revista, que en 2019 Mafalda cumple 55 años. ¡Esta noticia me dejó en shock! ¿Ya? ¿55 años? Ya veis, otra vez a vueltas con la velocidad a la que pasa el tiempo ¡es que no avanzo…!

El caso es que es una de las nuestras: “Autumn of 64”

Así que me puse a mirar el libro que os he dicho antes para recordar algunas “tiras”. Hacía mucho que no lo leía y me di cuenta de lo actual que resulta todavía su discurso. Excepto temas muy concretos de la época como la Guerra de Vietnam y algún otro, el resto siguen siendo de plena actualidad. Llama la atención también lo moderna que era Mafalda, y su posicionamiento en determinados temas, más aún teniendo en cuenta que le daba vida un hombre.

A este respecto, la otra noticia que leí, es que había bastantes referencias a Mafalda en las manifestaciones del 8 de Marzo del año pasado, tanto es así que, apoyándose en esto, la editorial LUMEN ha publicado un libro titulado Mafalda: Femenino singular, que reúne las mejores viñetas de Mafalda sobre el papel de la mujer así como sobre el machismo de su entorno…

winter-of-67-mafalda-y-la-mujer

winter-of-67-mafalda-ama-de-casa

winter-of-67-mafalda-madres.JPG

El propio Quino (su autor y premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2014) declaró a este respecto: “Siempre he acompañado las causas de los derechos humanos en general y la de los derechos de las mujeres en particular, a quienes deseo suerte en sus reivindicaciones”. Sin embargo, en una época en la que parece que cada colectivo trata de “apropiarse” de personajes y discursos, no quisiera vincular a Mafalda únicamente con la lucha por los derechos de las mujeres y con el papel de estas en la sociedad. Sus ideas y posicionamientos van mucho más allá y opina, y además nos hace reflexionar, que me parece lo más importante, sobre otros temas como la educación, la diferencia de clases, los derechos de los niños, los derechos humanos, la paz y la inacción de los gobiernos entre otros, que también creo que merecen ser destacados.

winter-of-67-mafalda-injusticia-social.JPG

winter-of-67-mafalda-pobreza.JPG

Pensando en estas cosas, me doy cuenta que entre las cosas que no nos dijimos se me quedó también hablar sobre la mujer y sobre el últimamente tan traído y llevado feminismo. Pensaba haberlo hecho el 8 de Marzo, pero no me dio tiempo. De todos modos, como creo que son asuntos que no podemos permitir que se circunscriban a un solo día, espero dedica un post a estos temas.

Mientras tanto, aquí os dejo una imagen de Mafalda con su pluma…¡Cómo yo!

winter-of-67-mafalda-pluma

Hasta pronto,

winter-of-67-signature

(*) Yo Fui A EGB. Os recomiendo estos libros, escritos por dos chicos de Bilbao y publicados por Plaza & Janés en los que se recogen cantidad de recuerdos de nuestra infancia, desde los muebles a la ropa, pasando por los juguetes, las series de televisión y las txutxes… “Chimos es, es un agujero, rodeado de buen caramelo…” Yo me acordaba de muchas de ellas pero otras fui recordándolas al verlas y fue una gran sorpresa. Resumiendo, un divertidísimo viaje en el tiempo. ¡Muy recomendable!

De vez en cuando la vida….

No creo que sea una melómana. Me gusta la música, sí, sobre todo determinados cantantes, pero nunca entre mis aficiones ha estado la de escuchar música. No es para mí una actividad en sí. Conozco personas que se sientan y escuchan música, sin más. En mi caso, y mucho más ahora, oigo música mientras hago otras cosas, pero sí hubo un tiempo cuando era (muuuuucho) más joven que escuchaba música ¡y lo hacía con vehemencia!, sobre todo ponía mi atención en las letras de las canciones, las aprendía e incluso copiaba en mis carpetas las estrofas que me gustaban. Una estrofa que ocupaba un lugar destacado en mi carpeta era ésta:

“De vez en cuando la vida

toma conmigo café

y está tan bonita que

da gusto verla”

Quizá alguien la conozca. Sí, es de Serrat. No es la primera vez que su nombre aparece por este blog…

Si algo tengo que agradecer a Serrat es que me descubriera la poesía y que me acercara la obra de muchos poetas. Gracias a él y a sus canciones he podido apreciar el talento y la capacidad de decir cosas bonitas de muchos poetas que, de otra manera, nunca hubieran llegado a mí.

Machado con su conocida “Cantares”, pero también con la triste “Balada de Otoño”. Tantas veces por mí escuchada en esos momentos de tristeza adolescente provocada casi siempre por los desamores.

“Que por una sonrisa doy

todo lo que soy porque estoy solo

y tengo miedo”

O Miguel Hernández con la archiconocida “Para la libertad”, las tristísimas “Nanas de la cebolla” o “Elegía”, qué bonitas palabras para despedir a un amigo. Siempre han acudido a mí cuando un ser querido se ha ido antes de tiempo…

“No perdono a la muerte

enamorada

No perdono a la vida

desatenta”

Y Mario Benedetti con “El sur también existe” o “Una mujer desnuda y en lo oscuro”, Rafael Alberti, Neruda y tantos otros.

Pero también sus propias canciones, muchas de las cuales a mí me parecen pura poesía, dicen cosas tan hermosas…

Bueno, todo esto ha venido a cuento para hablar del lado bueno de la vida. Iba a ser este un post muy cortito, solo para animarnos a cambiar nuestra actitud ante la vida ¡pero me he venido arriba!

Esta canción es para mí realmente mágica, una letra tan bonita, tan positiva y una melodía que cada vez va siendo más orquestal… ¡Puff, me encanta! Y vuelvo a ella muy a menudo, cuando veo que me estoy yendo al “lado oscuro”, porque esta canción me hace ver que también existe un lado luminoso, que solo tenemos que buscarlo, aunque a veces suponga un pequeño esfuerzo.

Ya se que vivimos en un mondo difficile, por decirlo de un modo un poco amable… pero si nos fijamos bien, también hay cosas y personas maravillosas que hacen que la vida sea un poco mejor y sólo es cuestión de poner un poco de nuestra parte para encontrar esas cosas o esas personas. Debemos aprender a aprovechar lo bueno que los demás nos ofrecen, porque eso redunda en nuestro bien y… ¡toda ayuda es poca! y a la vez, aunque no siempre sea sencillo, debemos aprender también a ignorar todo aquello que no nos aporta, porque como dice la canción…

“De vez en cuando la vida

afina con el pincel

se nos eriza la piel

y faltan palabras

para nombrar lo que ofrece

a los que saben usarla…”

Os dejo el video de la canción para que la conozcáis o la recordéis, según el caso.

 

Hasta pronto,

winter-of-67-signature

Cumplir años

Acabo de cumplir años, 52 y todavía hoy, el día de mi cumpleaños es mi día favorito del año. ¡Sin duda! Y espero que eso no cambie.

Es simplemente “mi día” y me lo dedico a mí desde la mañana hasta la noche y cuando se acaba, me da mucha pena, lo confieso. Suelo coger fiesta en el trabajo y lo paso tranquila y la mayor parte del tiempo sola. Desayuno sin prisa, contesto las llamadas de los amigos y familiares pudiendo dedicarles el tiempo que se merecen, contesto los whatsapps llenos de tartitas que me mandan, visito a mis padres, me compro un regalo a mí misma (¡siempre acierto!), entro en una o varias librerías y, ya por la noche, lo celebro con mi familia más cercana. El resto de celebraciones se dejan para el fin de semana. Este año ha sido sábado, así que se ha concentrado todo.

IMG-20190302-WA0003

Nada especial, ya veis, pero es un día que disfruto al 100%. También es un día en el que, si me pongo digna, diría que reflexiono mucho, pero si soy más sincera, he de decir que le doy muchas “vueltas al coco”.

¡Qué rápido pasa el tiempo! Llega un momento que asusta. No se si a vosotras os pasará lo mismo. Me parece que fue ayer cuando cumplí 25 y bromeaba con que ya había pasado el 25% de mi vida, siguiendo con la broma, ahora ya habría pasado el 52%… ¡¿?!

Leí hace tiempo un artículo de Adriana Ugarte en la revista In Style que se titulaba “¿De qué va la vida?”. Me llamó la atención por su tono sereno y por unas cuantas reflexiones y afirmaciones con las que coincido, así que lo guardé y ahora lo comparto con vosotras. A ver que os parece.

winter-of-67-adriana-ugarte.JPG

También tenemos muchas razones para el optimismo: “Pero si estás estupenda”, te animan. “Los 50 son los nuevos 40”, nos dicen. “Nuestra vida no tiene nada que ver con la de nuestros padres”, nos cuentan. “Compárate con tu ama cuando tenía tu edad”, te proponen. Y tú asientes e intentas convencerte de todo eso. Yo he probado todas esas técnicas, trucos o como queramos llamarlo, pero… tengo 52, mis 52, eso sí, ¡pero 52! Y para que os voy a engañar, no me importaría nada tener 42, por ejemplo.

Lo que más me cuesta aceptar es que la evolución de mi cuerpo (esto creo que nos pasa a todas en general), no va en paralelo con la evolución de mi mente, quiero decir que si yo no me viera en un espejo, no sería consciente del paso de los años… Yo me sigo sintiendo como siempre, es como si “mi yo interior” se negara a envejecer, el cambio es solo por fuera. El otro día bromeaba con una amiga y le contaba que es traumático cuando vas a mirar el móvil y te has olvidado la cámara en modo selfie. Te ves en esa toma de abajo a arriba y te quieres morir. ¡Qué horror! ¡Os prometo que, a veces, no me reconozco!

Y que me decís del hecho de que nos llamen “señora”, en mi caso, ya me voy acostumbrando, pero la primera vez fue espantosa. Aún ahora, muchas veces no pienso que se refieren a mí, no es la primera vez que me dicen: ¡eh, señora! y no me doy por aludida. Mi yo interior, que no se entera…

Dicho todo esto y después del momento de flagelación, sí que suelo sentirme muy afortunada y doy gracias a la vida. Mucha gente muy querida, no ha tenido tanta suerte, y no ha llegado a cumplir 52, otras los están cumpliendo pero en situaciones muy complicadas, solo por este motivo, no me creo con derecho a quejarme, solo deseo seguir cumpliendo años, seguir acumulando arrugas, manchas, flacidez… y seguir disfrutándolos por lo menos como hasta ahora y en la medida de lo posible, haciendo disfrutar a los demás, que creo que también es nuestra obligación.

Hasta pronto,

winter-of-67-signature